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Tres libros de Mircea Cartarescu, el autor que nutre al pasado de riqueza poética

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El reconocido escritor rumano ha sido favorito en varias oportunidades para el Nobel de Literatura y ganó el Premio FIL de Literatura en Lenguas Romances 2022.

Cartarescu es Doctor en la Ctedra de Literatura Rumana de la Facultad de Letras de la Universidad de Bucarest Foto Prensa
Cartarescu es Doctor en la Cátedra de Literatura Rumana de la Facultad de Letras de la Universidad de Bucarest / Foto Prensa

Mircea Cartarescu, el escritor rumano más reconocido de la actualidad que suma años como favorito para el Nobel de Literatura y ganó recientemente el Premio FIL de Literatura en Lenguas Romances 2022 por «su prosa imaginativa y desbordante», tiene por estos días dos de sus libros reimpresos en nuestro país como «Nostalgia» y «El ojo castaño de nuestro amor» y uno recién estrenado en castellano como «Poesía esencial», una compilación de sus poemas hecha por él mismo.

Publicados por el sello Impedimenta y traducidos por Marian Ochoa de Eribe, los tres trabajos son una muestra de la riqueza poética que pone en juego el poeta, crítico y docente cuando se dispone a la escritura, una práctica que liga a los sueños o en la que lo onírico toma protagonismo a fuerza de evocación y de artilugio para presentar mundos.

«Sueño muchísimo, en colores dementes, tengo en los sueños sensaciones que no busco nunca en la realidad. He anotado cientos de sueños a lo largo de los últimos diez años; algunos se repiten de forma compulsiva y me empujan a las mismas horcas caudinas de la vergüenza, la rabia y la soledad», dice en el comienzo de «El Mendébil», uno de los cinco textos que integran «Nostalgia».

Este libro, dividido en tres partes (la primera titulada «Prólogo», que incluye «El Ruletista; la segunda «Nostalgia», que consta de «El Mendébil», «Los gemelos» y «REM»; y la tercera llamada «Epílogo», que contiene el texto «El arquitecto») puede leerse como una novela, ya que la voz del narrador/personaje sostiene una continuidad a lo largo de los textos entre los que existen además diversas asociaciones simbólicas.

En la introducción titulada «La realidad como ficción», el escritor Edmundo Paz Soldán plantea que el título del libro, «Nostalgia», marca el tono que primará: «un viaje a ‘la ruina de todas las cosas’, a ‘lo que sido y no va a volver a ser jamás'» en el que Cartarescu recorre barrios derruidos del viejo Bucarest y en el que «lo que más que se puede hacer es ‘un recuerdo de los recuerdos'».

El escritor particip en 2020 del Festival Internacional de Literatura de Buenos Aires Filba Foto Prensa
El escritor participó en 2020 del Festival Internacional de Literatura de Buenos Aires (Filba) / Foto Prensa

Dueño de una particular forma de conjugar la intuición y el sueño para construir universos en los que lo grotesco nutre aquello que se narra, Cartarescu (Bucarest, 1956) publicó, a lo largo de su trayectoria, más de 30 libros, fue traducido a 23 idiomas y recibió prestigiosos premios, como el de la Academia Rumana, el Premio Austriaco de Literatura Europea y el Thomas Mann de Literatura.

Su obra poética fue producida fundamentalmente en la década de los ochenta y fue «El Levante» -por la que recibió el Premio de la Unión de Escritores Rumanos en 1990- la que lo consolidó como poeta exquisito e innovador.

En esos años también escribió y presentó su tesis de licenciatura, un trabajo sobre el imaginario poético de la lírica eminesciana, que luego se publicó bajo el título «El sueño quimérico». Su recorrido académico continuó con un doctorado en literatura rumana que selló con una tesis sobre el posmodernismo publicada por la editorial Humanitas, con la que tiene firmado un contrato de exclusividad, en 1999.

Pistas o claves para conocer el inicio de su camino creativo pueden leerse en «El ojo castaño de nuestro amor», una reunión de textos autobiográficos en los se explaya sobre el amor, la muerte y la nostalgia pero también sobre su adicción al café soluble o el intento de calzarse un jean mientras era un estudiante y el dinero con el que contaba no se lo permitía.

Esta conjunción de relatos que hacen sistema por sus pliegues de sensibilidad con definiciones sobre la poesía o su explicación de por qué se considera un «profesor» y no un «escritor» acercan a un Cartarescu más personal dispuesto a reflexionar y sentar posición también sobre la literatura rumana.

«¿Por qué los grandes libros de la modernidad rumana no son conocidos en el mundo? La explicación es larga y tediosa. Baste, por ahora, con señalar que no se trata de falta de calidad, sino de la nefasta gestión cultural», señala en el artículo en el que analiza su apellido además de exponer sus influencias (Kafka, Ion Barbu, Ernesto Sabato, M.H. Simionescu, T.S. Eliot o M. Ivanescu), y donde asevera que su arte «no procede de una tradición puramente rumana, sino de la gran tradición europea».

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En otro de los ensayos, «Europa tiene la forma de mi cerebro», el escritor advierte con mucha claridad el juego de representaciones al que puede llevarlo la organización del mercado literario y remarca: «Naturalmente, mis temas pueden ser, por fuerza, rumanos, los accesorios rumanos, el lenguaje puede tener las inflexiones de mi espacio psicolingüístico, pero mis temas no pueden ser sino los grandes temas de la tradición europea, los mismos que los de Eurípides y Joyce».

En sentido reafirma que no quiere convertirse en el «rumano de guardia» ni en «el invitado por antonomasia para representar al país en los coloquios y simposios».

«No tengo nada que representar a excepción de a mí mismo, de la patria de mis textos. Podría ser portugués, estonio o suizo. Podría ser hombre o mujer, griego o bárbaro. La textura de mis obras sería, naturalmente, diferente cada vez, pero su espíritu seguiría intacto», plantea.

Editados e impresos en Argentina al mismo tiempo, «Nostalgia» y «El ojo…» pueden leerse cruzados, mezclados, yendo de uno de sus textos a otros, y ahí se retroalimenta la proyección del escritor en ese modo de encontrar insistencias sobre la representación. Porque si hay algo que devuelve la mirada del mundo de Cartarescu es la capacidad de atravesar el dolor como experiencia pero también la posibilidad de que esa astilla tenga un después: el de la escritura.

Por esa escritura fue el ganador en 2018 del Premio Formentor de las Letras debido a la «poderosa habilidad narrativa» de una obra que «abarca la casi totalidad de la experiencia humana» y que «obliga a reconsiderar la condición existencial al tiempo que expande de manera inesperada los limites de la ficción», según un jurado compuesto por Alberto Manguel, Basilio Baltasar, los españoles Francisco Ferrer Lerín y Andrés Ibáñez y la traductora francomarroquí Aline Schulman.

El resto de su obra

Su obra está integrada también por la monumental «Solenoide» y el volumen de cuentos «Las Bellas Extranjeras», publicados por el sello Impedimenta, que distribuye sus títulos en nuestro país. Además es autor de la novela «Lulu», una indagación en el misterio del doble en la que que su protagonista, que parece sacada de una obra de Proust, se obsesiona con uno de sus compañeros que viste de mujer y se convierte en una recurrencia que intenta afrontar a través de la escritura.

Cartarescu tiene un proyecto literario llamado «Cegador» (1996-2007), que puede plantearse como una trilogía que a medida que avanza va adoptando la forma de una mariposa y cuyas partes son «El ala izquierda», «El cuerpo» y «El ala derecha».

Doctor en la Cátedra de Literatura Rumana de la Facultad de Letras de la Universidad de Bucarest, el escritor participó en 2020 del Festival Internacional de Literatura de Buenos Aires (Filba) en una charla con la editora y periodista cultural Lala Toutonian, en la que se declaró admirador de Ernesto Sábato, al que definió como «una especie de Dante Alighieri del siglo XX especialmente con su ‘Informe sobre ciegos'».

En esa oportunidad reconoció que ser poeta era «un enorme privilegio, el de intentar encontrar belleza» porque sostuvo que «la belleza está en todas partes y cada búsqueda de la verdad que persigue una persona es una búsqueda de belleza».

El escritor rumano fue galardonado recientemente con el Premio FIL de Literatura en Lenguas Romances 2022 por «su prosa imaginativa y desbordante» que entrelaza «elementos fantásticos y realistas» y logra interpelar «desde lo onírico y existencial a lectoras y lectores en todo el mundo», en el marco de la inauguración de la 36ª Feria Internacional del Libro de Guadalajara en México.

Cartarescu será reconocido por las «ficciones especulares que indagan en la construcción de la identidad desde un espacio liminal y periférico en el paisaje europeo», durante la inauguración de la Feria, el 26 de noviembre a las 11 en el auditorio Juan Rulfo de Expo Guadalajara, mientras tanto su obra suma un libro más reciente: «Poesía esencial», una extensa compilación de sus textos poéticos de cuya compilación fue responsable.

Paloma Sánchez Garnica: «La ficción te hace difícilmente manipulable»

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Con el foco en la vida cotidiana y la gente común, la autora española busca comprender el ascenso dle nazismo en Alemania en su novela más reciente: «Últimos días en Berlín».  

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Paloma Sánchez Garnica. Foto: Camila Godoy.

Cuando la escritora española Paloma Sánchez-Garnica empezó a delinear “Últimos días en Berlín” tenía muy claro que no quería escribir una novela histórica en la que aparecieran figuras emblemáticas del nazismo sino indagar en las adversidades y sentimientos de “gente que vivió esa época, que pisó las calles”, para de esta manera poner de relieve a través de sucesos cotidianos temáticas como el amor, la supervivencia, la maternidad y la libertad de expresión en una época de guerra y horror.

Sánchez-Garnica nació en España en 1962 y es licenciada en Derecho y Geografía e Historia. El primer título que la consagró como escritora fue “El gran arcano”, publicada en 2006. Luego, escribió “La brisa de Oriente” (2009), “El alma de las piedras” (2010) y “La sonata del silencio” (2014), de la que se hizo una adaptación para una serie en TVE.

La semana pasada estuvo en Argentina presentando su nuevo libro «Últimos días en Berlín», que narra la historia de Yuri Santacruz -un inmigrante de San Petersburgo- que llega a la capital de Alemania luego de una revolución que lo privó de todo. Incluso de su madre y de su hermano pequeño, a quienes las autoridades rusas no le permitieron salir del país.

¿En qué medida la literatura puede contribuir a comprender una época tan compleja como el ascenso del nazismo?¿Por qué volver a un pasado tan doloroso de la Historia? Cuando Yuri asiste al nombramiento de Adolf Hitler como canciller, lleva consigo un sentido de la justicia a flor de piel y, durante el acto, decide defender a un joven comunista que está siendo atacado por las tropas del líder nazi. En ese altercado, conoce a su gran amor, Claudia, y la novela despierta la intriga sobre si es posible que surja ese sentimiento en medio de un contexto de posguerra y desilusión.

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«Últimos días de Berlín» fue finalista del Premio Planeta 2021. Foto: Camila Godoy.

«Últimos días de Berlín», novela finalista del Premio Planeta 2021, implicó un vasto proceso de documentación para ilustrar tanto las mentalidades alemanas como las soviéticas. «Me hago con todo: novelas, ensayos, diarios de gente que dejó plasmadas sus experiencias personales, que se publicaron y que fueron traducidos al español. He encontrado muchos diarios escritos de distintos puntos de vista, tanto del ámbito nazi como del ámbito estalinista», cuenta la autora sobre los primeros pasos en la producción de la novela, durante una entrevista a Télam que tiene lugar en un palacio que pertenece al Hotel Four Seasons.

La novela, que indaga en temáticas cotidianas como el amor y la familia hasta cuestiones políticas como los crímenes y la libertad de expresión, deja -según la autora- un mensaje de que «deberíamos» estar en alerta. «Nada nos es dado por el ADN. Los derechos, el Estado de derecho en el que vivimos, las libertades que tenemos, la capacidad de decidir como individuos libros, nos lo tenemos que currar y lo tenemos que proteger día a día porque siempre habrá una amenaza latente que -en un momento determinado- puede estallar», plantea.

«Porque los dictadores, no vienen anunciando ‘¡Os voy a quitar sus derechos!’, ‘¡Os voy a machacar!’, vienen diciendo ‘Os voy a arreglar todo, os voy a solucionar la vida. Todo será mejor, todo será fantástico conmigo. Seguidme’. Y cuando llegan y agarran el poder, entonces ya no tienes ninguna capacidad de reacción», sostiene la autora.

-Télam: ¿Por qué rechazas que tu novela se catalogue como «novela histórica?

-Paloma Sánchez Garnica: Una novela histórica tiene como base fundamental un hecho o un personaje histórico, que afecta a generaciones. Y alrededor de eso, se ficciona. Yo no trato de Hitler, de Stalin, de la Segunda Guerra Mundial: trato de gente común que vive en casas, edificios, con sus trabajos normales. Sus decisiones no afectan nada más que a sus entornos más privados. Son historias con minúscula que se ven afectadas por las leyes, la ideología, cómo los afectan los prejuicios del nazismo que se van empezando a establecer; cómo van asimilando ese veneno letal del odio, ese aumento arrollador del fanatismo, ese miedo. Cuando estoy leyendo una novela, quiero sentir que me remueve por dentro porque son gente como yo que pisa la calle.

T.: Hay mucha producción sobre este momento histórico ¿Por qué seguir volviendo a este pasado?

P.S.G.: Es un acto de fe porque está todo escrito. No vamos a inventar nada pero, así como la lectura es exclusiva de cada lector pero el libro es el mismo, el escritor entra a un tema con su mochila personal, con sus estudios, memorias, con su edad y tiene una lectura que -a lo mejor- es totalmente diferente dentro de veinte años. En la escritura pasa lo mismo, tenemos un punto de originalidad porque somos individuos únicos. Entro en la escritura igual que cualquier otro que se introduce en esa época, con una experiencia vital, con determinadas lecturas que tiene en su mente. Además, creo que esta novela no trata -y lo tenía muy claro desde el principio- de las consecuencias, de las trincheras, de la Segunda Guerra Mundial ni de los horrores del Holocausto. Quería entender porqué se llegó a ese momento, la época previa. Muchos lectores me han dicho que se han sorprendido que me haya enfocado desde el punto de vista de los «alemanes buenos». Es que hubo muchos alemanes buenos que tuvieron que guardar silencio, que tuvieron que mirar para otro lado y someterse, que se vieron arrastrados y engañados por esa ideología. No es que todo el pueblo alemán fuera nazi fervorizado. La propaganda funcionó muy bien. Y los «Flautistas de Hamelin» no solamente están en la literatura sino que también en la vida real: el «salva patrias» que se lleva arrastrando a las masas y le promete a las masas que le va a solucionar absolutamente todo ha existido y existirá.

-T.: ¿Cómo aparecen los cimientos del nazismo en la novela y cómo se ve reflejada el cambio de una sociedad?

-P.S.G.: El 30 de enero de 1933 Hitler es nombrado canciller. El primer gran error. Lo subestimaron. El presidente Hindenburg le otorgó ese poder pensando que lo iban a manejar. Para el 5 de marzo, ya había metido a los disidentes de izquierda en la cárcel y el 23 de marzo la Ley de Habilitación le da el poder absoluto durante cuatro años. A partir de ahí aparece la Gestapo, los campos de concentración, y la gente no puede reaccionar porque puede ser sancionada, detenida, aniquilada. Se instala el silencio, el medio, la corrupción, la propaganda, cambian los principios morales. Lo que hasta ese momento la sociedad rechazaba por indefendible, de repente empieza a cambiar, a asimilarlo y a defenderlo, como la violencia contra los judíos. Todos esos cambios que se van produciendo en la mentalidad y que se ven en la novela se producen a partir del momento en que la sociedad ya no puede reaccionar. Cuando se amenaza a muerte a tu madre, a tus hijos, a tus hermanos, a tu marido, tus nietos, entonces te tragas la integridad, te metes tus principios en el bolsillo, bajas la cabeza, dices: «¿Dónde hay que firmar?» y firmas.

T.: ¿Por qué tomaste la decisión de intercalar la ficción con los principios de la propaganda de Joseph Goebbels?

P.S.G.: En principio, cuando los leí pensé ponerlos todos seguidos al principio pero pensé que el lector no se iba a dar cuenta de qué se trataba. Entonces, a medida que iba avanzando en la historia, decidí ponerlos en cada uno de los capítulos en los que más o menos se filtraba esa forma de actuar. En muchos casos, la propaganda se vuelve muy actual. Es la base de la manipulación. Todos los políticos, de todas las mentalidades, la utilizan como mecanismo para atraer al votante. La utilizan en la publicidad, en las redes sociales para enfilar una forma de pensar determinada. Está utilizándose siempre, por ejemplo, en las «fake news». Una mentira repetida muchas veces se convierte en una verdad. El problema está en que nos dejemos manipular. Está en nuestras manos si nosotros somos capaces de contrastarlas, de ser una sociedad crítica, leída y entonces, decidiremos si aceptamos o no esos mensajes, si les creemos o no. La sociedad alemana era muy fácilmente manipulable.

 Foto Camila Godoy
Foto: Camila Godoy.

-T.: Es una novela sobre la fuerza del amor y la supervivencia pero también aparece la idea de la libertad de expresión. ¿Cómo atraviesa este derecho a la narrativa?

-P.S.G.: Los totalitarismos, las dictaduras, las tiranías, lo primero que hacen cuando toman el poder es intentar perseguir, silenciar, apartar, someter a los escritores, a los poetas, los intelectuales y a los periodistas que pretenden contar lo que está pasando. La base de la libertad en una sociedad de un Estado de derecho es que yo como escritora pueda escribir lo que se me da la gana, que como lectora pueda elegir la lectura que quiera, que un librero pueda vender lo que le de la gana, que un editor pueda editar los libros que quiera y estime oportunos, y un periodista pueda contar lo que está viendo sin ninguna carga. Si eso nos lo quitan, nos amarran, nos coartan. Se impone el miedo y se impone la propaganda. Por eso, volvemos a lo mismo: hay que leer. ¿Cómo podemos defendernos como sociedad si no? Un libro es un objeto que podemos tener todos al alcance de la mano. La ficción te hace más tolerante, te obliga a pensar, te remueve. Tienes más vocabulario para pensar, para entender, te vuelves menos vulnerable, difícilmente manipulable y por lo tanto capaz de enfrentarte al poder que te quiera quitar el Estado de derecho en el que vivimos.

EL PROTAGONISTA DE «ÚLTIMOS DÍAS EN BERLÍN», UN SÍMBOLO DE DESARRAIGO Y ALERTA

Yuri Santacruz es protagonista y motor de la trama del nuevo libro de Paloma Sánchez Garnica: su punto de vista contribuye a reflexionar en torno al escenario socio político que le tocó en suerte porque, según sostiene la autora, «comprender el horror del nazismo es prácticamente imposible pero conocerlo es una obligación, porque las mentes pueden volver a verse manipuladas».

-T.: ¿Qué aportes brinda al lector la historia de Yuri para comprender un proceso histórico complejo como el nazismo?

-P.S.G.: Que debemos estar alerta. No hemos tenido una amenaza de una guerra tan destructiva como la Segunda Guerra Mundial. Podemos, como sociedades envueltas en esta democracia, imperfecta pero al fin y al cabo democracia. Las dictaduras siempre son perfectas y las democracias siempre imperfectas. Podemos pensar que los errores del pasado no pueden volver a ocurrir y nos equivocamos. Primo Levi decía, respecto del horror del nazismo, que ocurrió y por lo tanto puede volver a ocurrir en cualquier momento y en cualquier lugar. Comprender el horror del nazismo, el horror que se vivió en esa guerra es prácticamente imposible porque es inalcanzable. Pero conocerlo es una obligación, porque las mentes pueden volver a verse abducidas, manipuladas. Deberíamos estar alerta porque nada nos es dado por el ADN. Los derechos, el Estado de derecho en el que vivimos, las libertades que tenemos, la capacidad de decidir como individuos libros, nos lo tenemos que currar y lo tenemos que proteger día a día porque siempre habrá una amenaza latente que -en un momento determinado- puede estallar. Porque los dictadores, no vienen anunciando «¡Os voy a quitar sus derechos!», «¡Os voy a machacar!», vienen diciendo «Os voy a arreglar todo, os voy a solucionar la vida. Todo será mejor, todo será fantástico conmigo. Seguidme». Y cuando llegan y agarran el poder, entonces ya no tienes ninguna capacidad.

-T.: Durante la novela, acompañamos a los personajes a escapar de su tierra ¿Cómo entra en tensión el arraigo a una nación en estos casos?

-P.S.G.: Yuri es el ejemplo del desarraigo, que existió durante la Guerra Mundial, existió después de la Segunda Guerra Mundial y sigue existiendo. Aquí en Argentina están los movimientos de Venezuela, en México que pasen a Estados Unidos, el movimiento de Ucrania, Siria. Es decir, no aprendemos. Es terrorífico. Además el desarraigo tiene que ser algo muy sufrido. Cuando sales de un país por tu propia voluntad, estás feliz. Mi hijo vive en Dubái y sabe que puede volver. Pero cuando te obligan a salir de tu país porque está en juego tu vida, es difícil. Yuri nace en la Rusia zarista y de repente se convierte en un apestado, en un individuo sin derechos, humillado. Va a España y en ningún momento se integra. Va a Berlín y también es extranjero. A veces me dicen «A Yuri le pasa de todo», pero es que hay gente que le pasa de todo, que tiene la mala fortuna de vivir tiempos muy convulsos.

-T.: ¿Qué lugar ocupa el amor en un contexto de guerra y desilusión?

-P.S.G.: El amor. en lo más amplio del sentido de ese sentimiento (el amor pasional, materno, fraternal, amistoso) nos ennoblece como seres humanos y surge en cualquier momento. No solamente en los momentos de paz y placidez. El amor y la amistad, surgen en momentos muy trágicos y surgen porque no se controlan. Nos mantiene vivos. En todos los libros que leí, por ejemplo «El hombre en busca de sentido» de Victor Frankl, se dice que en los momentos más miserables y más inhumanos, las personas sobreviven no solo porque tiene habilidad para buscar comida sino porque tiene un sentido. El amor surge y la amistad igual. En la novela, las protagonistas se aferran la una y la otra y se unen de una manera tan especial que cuando una desaparece, la otra se ahoga.

En un nuevo libro, Noam Chomsky analiza la guerra en Ucrania

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En «Por qué Ucrania» la editorial Marea reunió varias entrevistas al lingüista y pensador en las que sostiene  Estados Unidos debe renunciar a un estilo de hacer política, consolidado desde los años cincuenta, y sentarse a la mesa en la que se negocia la paz.

Noam Chomsky
Noam Chomsky.

Habituado a expedirse sobre conflictos bélicos y procesos de hegemonía geopolítica, el lingüista, filósofo e intelectual estadounidense Noam Chomsky ofrece en el libro «Por qué Ucrania» una serie de entrevistas en las que a siete meses de la invasión a Ucrania ordenada por el presidente ruso Vladimir Putin plantea las razones que subyacen detrás de la guerra y sostiene que Estados Unidos debe renunciar a un estilo de hacer política, consolidado desde los años cincuenta, y sentarse a la mesa en la que se negocia la paz.

La editorial Marea reúne en este libro algunas de las entrevistas a Chomsky que giran en torno a la invasión de Rusia a Ucrania y que fueron publicadas originalmente en Truthout, una organización de noticias sin fines de lucro dedicada a proporcionar reportajes y comentarios independientes sobre una amplia gama de temas de justicia social. Para la segunda parte del libro, la dirección editorial a cargo de Constanza Brunet incluyó algunos de los textos de la sección «Europa en Crisis. Diario del conflicto ruso-ucraniano» escritos por Pablo Bustinduy.

Lo interesante de Truthout es que su línea editorial señala que «trabaja para provocar la acción al revelar la injusticia sistémica y proporcionar una plataforma para ideas progresistas y transformadoras, a través de informes de investigación profundos y análisis críticos» y «para permanecer libre de prejuicios y adherirse a altos estándares editoriales, no acepta publicidad ni respaldo corporativo».

«Este conflicto nos enseña mucho sobre la cultura dominante porque el ‘grotesco experimento’ se considera altamente elogiable, y porque cualquier esfuerzo por criticarlo se silencia o se castiga duramente con un impresionante torrente de mentiras y engaños», señala Chomsky en relación a la guerra entre Rusia y Ucrania, que ya lleva siete meses.

El lingüista explica que la amenaza que siente Rusia es la que lleva al actuar de este país contra la ampliación de la OTAN: «Hay una manera muy sencilla de solucionar lo del despliegue de tropas: no desplegarlas. Además, desplegarlas no tiene ninguna justificación. Estados Unidos puede afirmar que son armas defensivas, pero -evidentemente- Rusia lo ve de manera diferente, y no le falta razón.»

Para Chomsky el mundo conoce bien a los Estados Unidos «como modelo de devoción al respeto de la soberanía, sobre todo en los tres casos que, más que otros, han enfadado a Rusia: Irak, Libia y Kosovo-Serbia», ironiza el pensador. «De Irak no hace falta hablar: el ataque estadounidense enfadó a casi todos. La propaganda humanitaria de los americanos ha encubierto el asalto de la OTAN en Libia y Serbia -dos bofetadas más al poder declinante de Rusia en los años noventa- con virtuosa terminología humanitaria, cuya falsedad queda al descubierto con un atento examen, y que hemos documentado ampliamente en otros escritos», remarca.

«Tampoco hace falta repasar los muchos precedentes estadounidenses en cuanto a respeto de la soberanía nacional de terceros países», reflexiona con esta fuerte autocrítica. Con otra ironía también deja en claro su postura. Señala que la doctrina oficial de Estados Unidos «impone que afrontemos la gravísima amenaza que es China y mantengamos una posición firme sobre Ucrania, mientras Europa vacila y Ucrania pide calma e intentar la vía diplomática».

«Afortunadamente para el mundo, Washington se mantiene firme a la hora de defender lo que es justo, aunque se haya quedado aislado, como cuando invade noblemente a Irak y estrangula a Cuba no obstante la casi unánime oposición internacional, por recordar solo dos de los muchísimos ejemplos», precisa.

Las entrevistas

La primera de las entrevistas que integran el volumen data de diciembre de 2018 y fue realizada por Valentina Nicolì, quien está a cargo de las ediciones de las conversaciones con Chomsky: «Europa unida: fronteras geográficas y limitaciones políticas», desde el título de alguna forma resume la postura del intelectual estadounidense nacido en Filadelfia, en 1928.

Las otras siete entrevistas realizadas entre febrero y mayo del 2002 por el politólogo y economista político C.J. Polychroniou dejan en cada título una postura ideológica en contra de las políticas internacionales de su país natal: «El irracional modo de actuar de Estados Unidos», «La voluntad de poder de Estados Unidos y el conflicto en Ucrania», «Nadie vencerá en caso de escalada militar», «Los riesgos incalculables de una zona no-fly», «Estados Unidos y las conversaciones de paz», «Guerra atómica y guerra justa» y «Estados Unidos prioriza el enfrentamiento con Rusia, no defender la vida de los ucranianos».

El pensador analiza la guerra Foto AFP
El pensador analiza la guerra. Foto: AFP.

Durante los conflictos bélicos no hay noticias, hay propaganda política. Existe una seria invasión a Ucrania, condenable, como una condenable invasión monolítica de noticias direccionadas en un solo sentido. Chomsky sale a enfrentar con su voz nonagenaria, de hombre informado y con una coherencia ideológica respetable, esa voz monolítica, en contra del discurso dominante de occidente.

En sus respuestas está claro que las noticias que advierten de movilización de tropas rusas dispuestas a invadir Ucrania son un acontecimiento mediático desde la crisis de 2014, con reportajes puntuales que hablan de decenas de miles, o cientos de miles, de soldados rusos prontos a atacar: «Hoy, estas llamadas de alarma son mucho más insistentes y contienen una mezcla de miedo y de escarnio hacia «Mad Vlad» (Vladímir el loco), como lo llaman ellos», explica en la entrevista del 16 de febrero de 2022.

Para la protección de las víctimas de la «guerra» Chomsky propone obligar a «los poderosos a que cejen en los crímenes o, en un horizonte temporal más largo, debilitando el poder de los poderosos». Y señala que esto es lo que miles de «rusos valientes hacen ahora con el loable esfuerzo que llevan a cabo para parar la guerra de Putin». Y agrega: «como han hecho los estadounidenses cuando han protestado contra los muchos crímenes cometidos por su Estado (arriesgándose a una represión mucho menos fuerte) con buenos resultados, aunque insuficientes».

Para Chomsky se pueden adoptar medidas para construir un orden mundial menos peligroso y más humano: «A pesar de todos sus defectos, la Unión Europea ha dado pasos adelante. Lo mismo se puede decir de la Unión Africana, por muy limitada que siga siendo. Y, en el hemisferio occidental, lo mismo se puede decir de iniciativas como la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur) y la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac). Esta última busca una integración latinoamericana-caribeña independiente de la Organización de Estados Americanos (OEA) dominada por Estados Unidos».

El pensador también hipotetiza sobre las razones por las que Estados Unidos y Reino Unido insisten tanto en las medidas militares y punitivas, y sobre por qué rechazan adoptar una actitud sensata para acabar con la tragedia. Chomsky supone que quizá se esconda detrás la confianza de un cambio de régimen: «Si es así, no solo se trata de una actitud criminal, sino también algo de estúpido. Criminal porque perpetúa la violencia y reduce la esperanza de acabar con la guerra; estúpido porque es bastante probable que, en el caso de que Putin pierda el poder, lo ocupe alguien peor. Es un paradigma recurrente en la decapitación de los líderes de organizaciones criminales». Un miedo a un futuro incierto, más violento en nombre de la libertad y más reprimido en nombre de la violencia.

Un foro para pensar la dimensión política y comunitaria de la traducción y la escritura

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Se desarrollará entre el lunes y el miércoles para enfocar la traducción como un acto creativo que pone en diálogo sus experiencias, proyectos y procesos de trabajo.

Un encuentro para reflexionar sobre la traduccin
Un encuentro para reflexionar sobre la traducción.

Colectivos de distintos puntos de América Latina, Suiza y Alemania participarán desde este lunes hasta el miércoles próximo del Foro internacional online «Traducción expandida: activismo y prácticas de co-creación literaria» en el que la literatura será pensada como irreverencia y la traducción como acto creativo, comunitario y político al poner en diálogo sus experiencias, proyectos y procesos de trabajo.

Se trata de una actividad organizada por Looren América Latina -el programa latinoamericano de la Casa de Traductores Looren- que fue pensada como la antesala del Festival Internacional de Literatura de Buenos Aires (Filba) y será una oportunidad para potenciar el debate acerca de las prácticas de escritura y traducción como formas de intervención en el campo cultural, político y social, el concepto de autoría, la (auto)edición, la apropiación cultural y los cruces de la literatura con otros campos disciplinarios.

«Traducción expandida: activismo y prácticas de co-creación literaria» se realizará los dos días entre las 10 y las 14, se puede participar de manera gratuita con inscripción previa para ingresar al Zoom y contará con traducción simultánea en español, portugués, inglés. Se podrá seguir por el canal de YouTube de la Casa de Traductores Looren y para consultas e inscripción se puede escribir a foroloorenamericalatina@gmail.com.

Uno de los colectivos que participará es Literatura por lo que está pasando, fundado en Zúrich por los artistas Gianna Molinari y Julia Weber, con el objetivo de brindar ayuda a personas en situación de huida y, desde 2015, convocan a escritores y escritoras a encuentros para escribir textos a pedido en máquinas de escribir.

Ocasionalmente se suman dibujantes que ilustran los textos en vivo y el dinero que recaudan es donado a organizaciones que se dedican a brindar asistencia médica y apoyo financiero y legal a las personas en tránsito.

«Lo emocionante de la escritura colectiva es, sin duda, el momento de compartir. Ya sea ayudándonos cuando surgen preguntas sobre la escritura de un texto, o también por la posibilidad de pasar un encargo de escritura a otra persona cuando una no puede o no quiere. Le preguntas a la persona que tienes al lado, las palabras que no se te ocurren o le pides su opinión sobre un tema. Además, las personas que nos piden textos se convierten en parte del proceso creativo», dicen

Y cuentan: «Cuando escribimos solemos estar expuestos, nos observan escribir, algo que nunca ocurre en nuestra escritura cotidiana. Este carácter público y también el escaso tiempo en el que hay que crear un texto, la imposibilidad de revisarlo, el ruido de las máquinas de escribir de la mesa de al lado: todo ello influye sin duda en la escritura, quizás exige una forma diferente de concentración. Pero al final, son precisamente (también) estos aspectos los que hacen a ‘lo común'».

La escritura y la traducción concebidas como prácticas colectivas es algo que impulsan desde hace seis años los integrantes de Snichimal Vayuchil (Sueño florido), quienes nacieron por la necesidad de crear espacios de difusión para la lengua y cultura entre los jóvenes mayas tsotsiles que habitan en la ciudad de San Cristóbal de Las Casas, Chiapas, México.

El inicio de su puesta en marcha fue en 2016 con un taller de creación literaria que buscaba conectar la historia antigua con la actual a través de experiencias de mayas tsotsiles y tseltales que producen materiales literarios de manera independiente.

«Decidimos iniciar un proyecto de autogestión, donde nosotros mismos publicamos nuestros materiales con libros cartoneros (material reciclado). Posteriormente fuimos fortaleciendo nuestra habilidad en la traducción. Inicialmente traducimos nuestros propios textos, eso nos permitió conocer a fondo nuestro idioma porque implicó una investigación, un diálogo, un compartir con las abuelas, abuelos, autoridades, padres y comunidades», relatan sobre sus orígenes.

Participarn colectivos de distintas partes del mundo
Participarán colectivos de distintas partes del mundo.

Como colectivo nacieron en Chiapas y trabajan la relación entre cultura y lengua, ¿qué alcances políticos tiene ese movimiento? ¿Cómo es pensada en ese marco la traducción? «Nos involucramos en la traducción de otros textos literarios que ha sido una oportunidad para nosotros en el sentido de que toma valor nuestro idioma y abre la posibilidad de tener literatura lingüísticamente diversa. Quizás uno de los logros es que instituciones que promovían la lengua empezaron a voltear la vista a este tema que era totalmente desconocido por ellos», responden en un intercambio con Télam.

Para los integrantes de Sueño florido, la traducción y la creación de materiales literarios ayudó a la promoción y revalorización de los idiomas, lo que permitió que haya «cada vez más espacios políticos, culturales y económicos que eran exclusivos de gente ‘blanca, y ahora también participe gente de los pueblos originarios».

En ese sentido destacan que les llama la atención la gran cantidad de jóvenes y niños que participan y encuentran «espacios donde reflexionar su identidad, lengua y cultura». «Es un proceso lento de trabajo y lucha, porque nos enfrentamos a un discurso racista que no impulsa a tomar fuerza para acabar con ella», sostienen.

Entre quienes compartirán una charla el martes están los integrantes del colectivo Sycorax y el traductor y poeta Ezequiel Zaidenwerg, integrante del grupo Orden de traslado que conversarán bajo el título «Diálogo. Lenguas, artes y saberes que construyen colectividad».

Con el objetivo de facilitar el acceso gratuito a libros y un aquelarre de mujeres que conjuran traducciones, el colectivo Sycorax tomó su nombre del personaje de «La tempestad» pero si en la obra de Shakespeare la bruja Sycorax es relegada a un segundo plano, aquí se sitúa en el centro de la escena, en tanto encarnación de un mundo de sujetos femeninos que el capitalismo destruyó, según se presentan.

La puesta a disposición de manera gratuita de los libros traducidos es condición fundamental de sus acciones, ¿cómo piensan esa variable? ¿Cómo ha atravesado el alcance del colectivo? «La disponibilidad gratuita es muy importante para nuestro trabajo. Muchas editoras parecen resistentes a esto porque entienden que eso afectará de forma negativa las ventas de los libros impresos», explican a esta agencia.

Pero «teniendo en cuenta el ejemplo de ´Calibã e a bruxa: mulheres, corpo e acumulação primitiva´, la disponibilidad del archivo PDF del libro puede no perjudicar sus ventas. Aún así, el rol del colectivo no está restringido al acceso al contenido del libro, y se desarrolla en la construcción de formas alternativas de difusión, como talleres de los libros y podcast, por ejemplo».

Quien oficiará de compañero de esa charla es Ezequiel Zaidenwerg, de «Orden de traslado», un podcast, una cuenta de Instagram, una productora descentralizada y, sobre todo, un colectivo mutante que nació con la pandemia, tomando como punto de partida la idea de que «la poesía es un arte comunitario y público porque va empujando de manera imperceptible pero obstinada los usos y los límites de la lengua común, trabaja para cambiar una percepción muy arraigada en la conciencia colectiva».

El poeta y traductor cuenta que, cuando este proyecto se inició, su objetivo fue ubicar al original y a la traducción al mismo nivel dejando de pensar esta práctica como «un objeto de subordinado de menor valor o importancia del original sino empezar a verlo como un nuevo original que poliniza la escritura en nuestra lengua».

Para Zaidenwerg, «la lengua es colectiva, el verdadero poema es la lengua y sus infinitas mutaciones y transformaciones que tienen que ver con la comunidad que la habla y que la goza entonces traducir es como mirar ese proceso de producción de sentido sin naturalizarlo. Esa magia de traducir es algo que pone muy de manifiesto el carácter colectivo de la lengua como poema madre. La poesía te permite asistir a la cocina de como se fabrica el sentido, eso te empodera mucho».

Otros de los colectivos que participarán serán AJAR collectif littéraire (Suiza), Frank Ocean, de Chile; Literatur fürdas, was passiert, de Suiza y Alemania; Medusa, de Argentina; Red de Creación Intercultural «Mingas de la Imagen», de Colombia, Panamá, Ecuador, Estados Unidos, Uruguay, México e Italia; Pecora Loca, de Brasil; Ruge el bosque, de México y Argentina; y Villa of One’s Own, de Alemania, entre otros.

Este foro es el primero de una serie de proyectos que integran «Traducción expandida: plataforma de reflexión, co-creación y activación – Suiza, América Latina, Mozambique», ideada por Looren América Latina en cooperación con diversos socios y seleccionada por la fundación suiza para la cultura Pro Helvetia en el marco de su programa «To-gather».

LAS DIMENSIONES POLÍTICAS, CREATIVAS Y COMUNITARIAS QUE PUEDE TENER LA TRADUCCIÓN

El Foro internacional «Traducción expandida: activismo y prácticas de co-creación literaria» tendrá como uno de sus ejes las prácticas de escritura y traducción al servicio de la intervención en el campo cultural, político y social, y sobre esas tres dimensiones hablaron con Télam integrantes de los colectivos Literatura por lo que está pasando, Snichimal Vayuchil, Sycorax y Orden de traslado.

En el caso de Snichimal Vayuchil, dicen que la traducción puede ser pensada desde esas tres dimensiones y detallan que «es creativa porque despierta el interés y la motivación de los participantes en descubrir la riqueza interior de los idiomas, saltar de un idioma a otro nutre constantemente el desarrollo de cada idioma, nos hace volar la imaginación».

«Un dato importante es si la traducción que se está realizando es de un autor o autora viva, siempre es importante conocerla de cerca, hacerle alguna entrevista si es posible o documentarse de sus trabajos. Si la autora o autor es una persona ya fallecida, nos queda como único recurso la de investigar y documentarse para conocer más de su obra y lograr comprenderlo más desde ella. Así, cada traducción siempre es un reto», remarcan.

A su vez dicen que «es comunitario porque se piensa desde el principio a qué público se está planteando dicha traducción», en su caso responde a una necesidad cultural: «difundir las letras desde niveles no institucionales» y es ahí cuando sostiene que «se vuelve comunitario porque una traducción se realiza con el apoyo de otros, sean o no traductores, siempre hay necesidad de consultar si es comprensible una traducción, participan en lecturas previas, en revisión del texto, en dialogar con las variantes lingüísticas».

Sobre el carácter político de la práctica explican que tiene que ver con la resignificación de los idiomas, ya que los posicionan «en un lugar importante en la literatura escrita, donde históricamente como pueblos indígenas» han sido «discriminados y marginados, considerados ‘ignorantes’, ‘no civilizados’, ‘analfabetas’ y ‘un «obstáculo para el desarrollo del país».

«Frente a un modelo político, económico, educativo, cultural y lingüístico que no beneficia a los pueblos indígenas, hemos tomado la decisión de hacer resistencia. Aun con la existencia de espacios e instituciones que en teoría deberían ejercer esa labor de difundir los idiomas, poco han logrado, por lo que consideramos que es importante ir abriendo espacios de difusión con materiales de literatura experimental y traducción de textos de la literatura universal a lenguas originarias», destacan.

Por otra parte, los integrantes del colectivo Sycorax sostienen que «las tres dimensiones se encuentran en muchos momentos: el aspecto creativo emerge no solamente de los temas llamados de ‘autorales’ y ‘de estilo’, sino también de las formas de practicar la traducción concebidas a lo largo de la experiencia colectiva. Nuevas relaciones y formas de trabajo son creadas y recreadas a cada proyecto, lo que representa también el aspecto comunitario de la traducción».

«Cuando nos alejamos de la tradición solitaria que está a su alrededor, encontramos una práctica potente de la colectividad y que deja sus marcas para el legado de las luchas y del conocimiento, construcciones colectivas por excelencia, con las cuales el acceso libre a las obras intenta contribuir», grafican sobre los alcances de la puesta en acto de la traducción.

Con respecto a la dimensión política, consideran que está en su práctica en todos los elementos mencionados, pero va aún más allá y aportan: «Una vez traducido el texto de la obra, buscamos continuar el proceso por medio de otros proyectos, como talleres, podcasts, presentaciones, garantizando la difusión de la obra por medios no-comerciales».

Para Ezequiel Zaidenwerg, de Orden de traslado, «hay algo político siempre en elegir qué materiales se traen a una cultura de manera consciente y dirigida. Es decir qué textos se van a valorar, a poner en serie con otros» y agrega que no solo traducen poemas: «Originalmente se llamó así porque estaba hecho con mi archivo de traducciones pero ahora la curaduría y la forma de trabajar se viene abriendo cada vez más. Cuando entró Cecilia Martínez Ruppel trajo una dimensión de traducción muy importante que terminó de definir el proyecto actual a través de los poemas ilustrados. Ahí hubo una idea muy productiva de traducción que se pone en juego».

El poeta y traductor se refiere al definir a la traducción no como el acto de «reponer una escasez sino multiplicar una abundancia» y en ese punto es en el que cita el ejemplo de los poemas ilustrados como «particularmente elocuente porque el texto original no se borra y es simultaneo».

Zaidenwerg advierte que de lo que se trata es «partir de la poesía y hacer de ella un ejercicio colectivo en el que alguien escribe, traduce, otra puede musicalizar y así es muy hermoso».

Al pensar la dimensión política de su práctica, los integrantes de Literatura por lo que está pasando cuentan que fundaron este colectivo en 2015 ante «la necesidad de apoyar a las personas que por un motivo u otro están huyendo». El dinero que recibieron por los textos escritos durante sus acciones se destina a organizaciones que brindan ayuda o asistencia a personas refugiadas.

«Al mismo tiempo, queríamos y queremos participar del acto de escribir el discurso público, expresar nuestra opinión, llevar el tema de quienes están en situación de huida y la manera en que es tratado al espacio público. Así que nuestro colectivo tiene una clara motivación política», explican.

A la vez, definen su accionar como «un acto creativo», ya que escriben textos literarios o hacen ilustraciones y todos los participantes son artistas, autores o ilustradores. «Nos gusta confluir en un grupo, el intercambio, el apoyo mutuo en la escritura, en la reflexión. La instancia comunitaria es lo que nos estimula, lo que hace a la potencia de nuestro colectivo», sintetizan.

Convocan a un programa de residencias artísticas en Parques Nacionales

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Se trata de una iniciativa del Ministerio de Cultura nacional, a través de la secretaría de Patrimonio Cultural, y la Administración de Parques Nacionales para artistas de todo el país y de todas las disciplinas.

Foto Prensa
Foto: Prensa

Artistas de todo el país y de todas las disciplinas pueden presentar, hasta el 30 de septiembre, proyectos de investigación y creación para el programa Residencias Artísticas en Parques Nacionales, cuyo objetivo es la promoción de experiencias interdisciplinarias entre artistas y profesionales de los Parques Nacionales así como también la difusión de reservorios naturales.

Es una iniciativa del Ministerio de Cultura nacional, a través de la secretaría de Patrimonio Cultural, y la Administración de Parques Nacionales

Pueden postularse artistas, músicos, actores, actrices, performers, poetas, escritores, dramaturgos y ensayistas de todo el país y la presentación es únicamente de carácter individual

Este programa funcionará como una plataforma de producción e investigación artística, actuando como nexo entre las diferentes prácticas artísticas y la naturaleza de nuestro país, en sus áreas protegidas y el modo de residencia propuesto fomenta la creación de nuevos proyectos artísticos vinculados a la experiencia en el territorio y en un ambiente de intercambio entre pares, actores culturales, educadores, divulgadores y profesionales de la conservación del medio ambiente.

Se seleccionarán 12 postulantes a los cuales se les otorgará una beca para que participen en las residencias de siete días de duración, divididos en dos grupos de seis personas por cada uno de los Parques Nacionales estipulados en las bases y condiciones.

Foto Prensa
Foto: Prensa

Quienes queden seleccionados deberán llevar a cabo un proyecto de investigación artística teniendo como insumo principal para su realización la experiencia de su estancia en el Parque Nacional seleccionado. Este proyecto debe articular las prácticas artísticas contemporáneas con las principales características que definen a dichas áreas protegidas.

Pueden postularse artistas, músicos, actores, actrices, performers, poetas, escritores, dramaturgos y ensayistas de todo el país y la presentación es únicamente de carácter individual.

Foto Prensa
Foto: Prensa

Al finalizar el periodo de cinco meses posteriores a la residencia, el becario deberá presentar los resultados parciales o totales de su proyecto de investigación, debiendo éste haber adquirido, en el primer caso, un estadio proyectual que tenga la suficiente relevancia, representatividad, coherencia y autonomía que permita la expresión y comunicación del marco conceptual y estético que alienta al proyecto total.

Los procesos y resultados investigativos pueden llevarse a cabo y expresarse

mediante cualquier formato, soporte o lenguaje visual, verbal, sonoro, audiovisual, performático o mixto.

Para más información sobre plazos y requerimientos, se puede escribir a residenciasparquesnacionales@cultura.gob; mientras que las bases y condiciones pueden consultarse en el siguiente formulario.

Bauer: «La función de las bibliotecas populares como focos culturales es esencial»

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El titular de la cartera de Cultura participó del acto central del Día Nacional de las Bibliotecas Populares que se celebró junto a Marñia del Carmen Bianchi de Conabip en la Biblioteca Popular Sarmiento de Ushuaia. 

Biblioteca Popular Sarmiento de Ushuaia Foto Cristian Urrutia
Biblioteca Popular Sarmiento de Ushuaia / Foto Cristian Urrutia

El ministro de Cultura de la Nación, Tristán Bauer, aseguró este viernes que «la función de las bibliotecas populares como focos culturales es esencial», al igual que «la centralidad que tienen para nuestra educación y formación”, durante el acto central del Día Nacional de las Bibliotecas Populares que se celebró junto a la titular de la Conabip, María del Carmen Bianchi, en la Biblioteca Popular Sarmiento de Ushuaia.

Durante la ceremonia, que sirvió de cierre para una jornada en todo el país que tuvo como foco el 40 aniversario de la Guerra de Malvinas, Bauer felicitó y agradeció “de corazón” a “todos los bibliotecarios y colaboradores de las bibliotecas», y les dijo que «lo que hacen es realmente excepcional y es una maravilla”.

El acto donde se presentó el libro «Malvinas: memorias de infancias en tiempos de guerra» con la presencia de algunas de sus autoras y autores, como Eduardo Sacheri, fue transmitido en vivo por el canal Youtube de Conabip y se complementó con actividades simultáneas en todo el país.

Bauer -quien homenajeó a los ex combatientes de Malvinas y llamó a luchar «contra todas las espantosas formas del colonialismo”- dijo que libros como el presentado en la Biblioteca Sarmiento sirven para “redescubrir los recuerdos propios en aquellos tiempos de guerra”.

Aniversario 152° de CONABIP

Bianchi se refirió al valor de las bibliotecas populares y destacó que “muchos escritores destacados del país» se «formaron» en ellas: «esa es la siembra, pero también mucha gente encontró su vocación o una mano amiga en un momento difícil de la vida. La biblioteca popular es un corazón de la comunidad que late con la excusa de la lectura”, afirmó.

La titular de la Conabip remarcó que la condición resiliente del organismo: “es una institución que atravesó tres siglos y muchas vicisitudes, reconvirtiéndose cada vez y buscando nuevas maneras de pensar la lectura y de prestar un servicio a la comunidad”.

Sobre la causa Malvinas, opinó que “en estos tiempos donde el colonialismo ha adoptado formas de bestialidad cultural y de arrasamiento, la lectura y la escritura son actos de resistencia ante esta propuesta de individualismo feroz”.

En ese sentido, explicó que el libro apuntó a que los escritores contaran sus experiencias personales desde los ojos de niños, acompañado ese relato por reconocidos ilustradores, entre ellos, Fernanda García Lao, Roberta Iannamico, María Pia López, Luciano Saracino, Mariano Quirós, Eduardo Sacheri, Pablo Bernasconi, Leo Oyola, Matías Trillo, Julián Axat, Cynthia Orensztajn, Nicolás Arispe, Costhanzo Gustavo Murillo.

“El resultado es un libro precioso -resumió Bianchi- donde hay relatos tiernos y otros educativos como distintas formas de pensar el conflicto desde el presente».

Libro de Eduardo Sacheri sobre Malvinas Foto Cristian Urrutia
Libro de Eduardo Sacheri sobre Malvinas / Foto Cristian Urrutia

«La guerra -aseguró la funcionaria- fue un episodio doloroso, triste y con secuelas que aun hoy nos marcan, pero la lucha por la soberanía no termina y es capaz de reconvertirse en palabras”

Entre los escritores presentes estaba Sacheri, quien manifestó a Télam que le «dio gusto» que lo invitaran: «no dudé en sentirlo como una causa común, en el sentido de las pocas cosas que nos unen en Argentina. Malvinas es de esas causas que merecen que todos nos sumemos y para mí fue un honor”.

El autor de “La pregunta de sus ojos” y “La noche de la usina”, explicó que recordar Malvinas representa “una tristeza y al mismo tiempo un orgullo», porque «implica remover el sufrimiento de argentinos que padecieron mucho en ese tiempo», al tiempo que es «una de las pocas grandes causas que nos unen», insistió.

En tanto recordó que tenía 14 años en 1982 y que no pudo evitar “esa montaña rusa de emociones que generó la guerra en la sociedad: una mezcla de sorpresa, alegría e ingenuidad. Con el correr del tiempo uno se da cuenta de los errores que cometió, en el sentido de no prever cuánto dolor podía desatar la algarabía”, señaló.

«En ese entonces, a nosotros, que vivíamos en un barrio del Gran Buenos Aires, la guerra nos quedaba lejos. Nos quedaba solo ese decorado festivo del que no fuimos capaces de entender sus terribles consecuencias”, recordó.

Para Sacheri, «eso es una enseñanza que nos quedó» pero que «en algún momento opacó la comunicación los combatientes, era mucho el pesar y la culpa y ese silencio lo padecieron ellos; una situación que por suerte ahora está mucho más equilibrada a partir del reconocimiento a los veteranos de guerra”.

El ministro Bauer con la escritora Mara Teresa Andruetto Foto Cristian Urrutia
El ministro Bauer con la escritora María Teresa Andruetto / Foto Cristian Urrutia

“Desde Río Negro hacia el sur se nota una memoria diferente sobre la guerra y Ushuaia es un estupendo ejemplo de eso. Aquí vivieron la guerra, no solo la reivindicación”, destacó el autor de «Papeles en el viento», en tanto subrayó que «si la lectura tiene un valor imperecedero para cualquier sociedad, las bibliotecas, que están en cada pueblo, en cada ciudad y en cada barrio, son esenciales y hacen un trabajo importantísimo. Esa es otra causa en la que todos, más allá de nuestras posturas sobre la política, deberíamos coincidir”.

Sacheri leyó en público parte de su relato publicado en el libro, sobre un vendedor de pescados de su barrio, de origen italiano, que se animaba a tener un discurso antibélico en los días en que el país saludaba la recuperación de las islas.

Otros relatos recordaron a madres llorando o corrigiendo a sus hijos por festejar la guerra, o pintaron la escena de niños de un jardín de infantes participando con extrañeza de un simulacro de ataque bélico.

El libro publicado por la Conabip reúne crónicas y relatos escritos e ilustrados por 27 autores nacidos entre 1960 y 1980, cuya infancia transcurrió en Argentina y el exilio, convocados especialmente para recuperar la mirada infantil, la memoria emotiva y la vida cotidiana en el contexto de la Guerra de Malvinas y de la dictadura militar que asoló el país.

La selección de trabajos y el prólogo estuvo a cargo de María Teresa Andruetto y la ilustración de tapa es obra de Isol Misenta.

Los autores e ilustradores que lo completan son Raquel Cané, Natalia Ferreyra, Viviana Ayilef, Silvia Mellado, Ariel Williams, Poly Bernatene , María Elina Méndez, Marcelo Guerrieri, Patricia Suárez, Alejandra Kamiya y Sergio De Matteo.

El libro tendrá distribución gratuita en las bibliotecas populares de la Argentina y ya está disponible en formato digital.

Bauer en Ushuaia en el homenaje a los excombatientes Foto Cristian Urrutia
Bauer en Ushuaia en el homenaje a los excombatientes/ Foto Cristian Urrutia

Antes del acto, la comitiva realizó un homenaje a los ex combatientes que comprendió la colocación de una ofrenda floral en el Monumento a los Caídos durante la guerra de Malvinas emplazado a orilla del Canal Beagle, y la visita al Museo Pensar Malvinas también de la capital de Tierra del Fuego.

Para ello fueron acompañados por autoridades provinciales y municipales, además de integrantes del “Centro de Ex Combatientes de Malvinas de Ushuaia” y de “Herederos de la Causa Malvinas”, una agrupación creada por los hijos de veteranos de guerra.

La comitiva nacional que visitó Tierra del Fuego para la presentación también visitó el Museo del Fin del Mundo y el Museo del Presidio de la ciudad y la biblioteca popular Alfonsina Storni.

La agenda de festejos por el Días de las Bibliotecas Populares incluyó presentaciones en Santa Rosa (La Pampa), Oberá (Misiones), Chascomús (Buenos Aires) y San Juan.

En Santa Rosa, el libro fue presentado por el escritor pampeano Sergio de Matteo y la escritora neuquina Silvia Mellado. En Oberá estuvo presente el escritor Mariano Quirós, oriundo de Chaco, acompañado por la enfermera Elsa Mabel Rodas, quien fue parte del Hospital Naval Puerto Belgrano en 1982.

En San Juan estuvo el ilustrador y presidente de la Asociación de Dibujantes de Argentina, Norberto “Poly” Bernatene, mientras que en el Museo Provincial de Bellas Artes Franklin Rawson se realizó una “Maratón de dibujo” en la que también participó el dibujante sanjuanino Lucas Aguirre.

Mientras que en Chascomús, la Conabip y el Instituto Cultural bonaerense, organizaron actividades con un bibliomóvil y presentaron el libro de la mano de la escritora Alejandra Kamiya y el escritor Marcelo Guerrieri.

Bauer en Ushuaia en el homenaje a los excombatientes Foto Cristian Urrutia
Bauer en Ushuaia en el homenaje a los excombatientes / Foto Cristian Urrutia

Bauer: «La función de las bibliotecas populares como focos culturales es esencial»

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El titular de la cartera de Cultura participó del acto central del Día Nacional de las Bibliotecas Populares que se celebró junto a Marñia del Carmen Bianchi de Conabip en la Biblioteca Popular Sarmiento de Ushuaia. 

Biblioteca Popular Sarmiento de Ushuaia Foto Cristian Urrutia
Biblioteca Popular Sarmiento de Ushuaia / Foto Cristian Urrutia

El ministro de Cultura de la Nación, Tristán Bauer, aseguró este viernes que «la función de las bibliotecas populares como focos culturales es esencial», al igual que «la centralidad que tienen para nuestra educación y formación”, durante el acto central del Día Nacional de las Bibliotecas Populares que se celebró junto a la titular de la Conabip, María del Carmen Bianchi, en la Biblioteca Popular Sarmiento de Ushuaia.

Durante la ceremonia, que sirvió de cierre para una jornada en todo el país que tuvo como foco el 40 aniversario de la Guerra de Malvinas, Bauer felicitó y agradeció “de corazón” a “todos los bibliotecarios y colaboradores de las bibliotecas», y les dijo que «lo que hacen es realmente excepcional y es una maravilla”.

El acto donde se presentó el libro «Malvinas: memorias de infancias en tiempos de guerra» con la presencia de algunas de sus autoras y autores, como Eduardo Sacheri, fue transmitido en vivo por el canal Youtube de Conabip y se complementó con actividades simultáneas en todo el país.

Bauer -quien homenajeó a los ex combatientes de Malvinas y llamó a luchar «contra todas las espantosas formas del colonialismo”- dijo que libros como el presentado en la Biblioteca Sarmiento sirven para “redescubrir los recuerdos propios en aquellos tiempos de guerra”.

Aniversario 152° de CONABIP

Bianchi se refirió al valor de las bibliotecas populares y destacó que “muchos escritores destacados del país» se «formaron» en ellas: «esa es la siembra, pero también mucha gente encontró su vocación o una mano amiga en un momento difícil de la vida. La biblioteca popular es un corazón de la comunidad que late con la excusa de la lectura”, afirmó.

La titular de la Conabip remarcó que la condición resiliente del organismo: “es una institución que atravesó tres siglos y muchas vicisitudes, reconvirtiéndose cada vez y buscando nuevas maneras de pensar la lectura y de prestar un servicio a la comunidad”.

Sobre la causa Malvinas, opinó que “en estos tiempos donde el colonialismo ha adoptado formas de bestialidad cultural y de arrasamiento, la lectura y la escritura son actos de resistencia ante esta propuesta de individualismo feroz”.

En ese sentido, explicó que el libro apuntó a que los escritores contaran sus experiencias personales desde los ojos de niños, acompañado ese relato por reconocidos ilustradores, entre ellos, Fernanda García Lao, Roberta Iannamico, María Pia López, Luciano Saracino, Mariano Quirós, Eduardo Sacheri, Pablo Bernasconi, Leo Oyola, Matías Trillo, Julián Axat, Cynthia Orensztajn, Nicolás Arispe, Costhanzo Gustavo Murillo.

“El resultado es un libro precioso -resumió Bianchi- donde hay relatos tiernos y otros educativos como distintas formas de pensar el conflicto desde el presente».

Libro de Eduardo Sacheri sobre Malvinas Foto Cristian Urrutia
Libro de Eduardo Sacheri sobre Malvinas / Foto Cristian Urrutia

«La guerra -aseguró la funcionaria- fue un episodio doloroso, triste y con secuelas que aun hoy nos marcan, pero la lucha por la soberanía no termina y es capaz de reconvertirse en palabras”

Entre los escritores presentes estaba Sacheri, quien manifestó a Télam que le «dio gusto» que lo invitaran: «no dudé en sentirlo como una causa común, en el sentido de las pocas cosas que nos unen en Argentina. Malvinas es de esas causas que merecen que todos nos sumemos y para mí fue un honor”.

El autor de “La pregunta de sus ojos” y “La noche de la usina”, explicó que recordar Malvinas representa “una tristeza y al mismo tiempo un orgullo», porque «implica remover el sufrimiento de argentinos que padecieron mucho en ese tiempo», al tiempo que es «una de las pocas grandes causas que nos unen», insistió.

En tanto recordó que tenía 14 años en 1982 y que no pudo evitar “esa montaña rusa de emociones que generó la guerra en la sociedad: una mezcla de sorpresa, alegría e ingenuidad. Con el correr del tiempo uno se da cuenta de los errores que cometió, en el sentido de no prever cuánto dolor podía desatar la algarabía”, señaló.

«En ese entonces, a nosotros, que vivíamos en un barrio del Gran Buenos Aires, la guerra nos quedaba lejos. Nos quedaba solo ese decorado festivo del que no fuimos capaces de entender sus terribles consecuencias”, recordó.

Para Sacheri, «eso es una enseñanza que nos quedó» pero que «en algún momento opacó la comunicación los combatientes, era mucho el pesar y la culpa y ese silencio lo padecieron ellos; una situación que por suerte ahora está mucho más equilibrada a partir del reconocimiento a los veteranos de guerra”.

El ministro Bauer con la escritora Mara Teresa Andruetto Foto Cristian Urrutia
El ministro Bauer con la escritora María Teresa Andruetto / Foto Cristian Urrutia

“Desde Río Negro hacia el sur se nota una memoria diferente sobre la guerra y Ushuaia es un estupendo ejemplo de eso. Aquí vivieron la guerra, no solo la reivindicación”, destacó el autor de «Papeles en el viento», en tanto subrayó que «si la lectura tiene un valor imperecedero para cualquier sociedad, las bibliotecas, que están en cada pueblo, en cada ciudad y en cada barrio, son esenciales y hacen un trabajo importantísimo. Esa es otra causa en la que todos, más allá de nuestras posturas sobre la política, deberíamos coincidir”.

Sacheri leyó en público parte de su relato publicado en el libro, sobre un vendedor de pescados de su barrio, de origen italiano, que se animaba a tener un discurso antibélico en los días en que el país saludaba la recuperación de las islas.

Otros relatos recordaron a madres llorando o corrigiendo a sus hijos por festejar la guerra, o pintaron la escena de niños de un jardín de infantes participando con extrañeza de un simulacro de ataque bélico.

El libro publicado por la Conabip reúne crónicas y relatos escritos e ilustrados por 27 autores nacidos entre 1960 y 1980, cuya infancia transcurrió en Argentina y el exilio, convocados especialmente para recuperar la mirada infantil, la memoria emotiva y la vida cotidiana en el contexto de la Guerra de Malvinas y de la dictadura militar que asoló el país.

La selección de trabajos y el prólogo estuvo a cargo de María Teresa Andruetto y la ilustración de tapa es obra de Isol Misenta.

Los autores e ilustradores que lo completan son Raquel Cané, Natalia Ferreyra, Viviana Ayilef, Silvia Mellado, Ariel Williams, Poly Bernatene , María Elina Méndez, Marcelo Guerrieri, Patricia Suárez, Alejandra Kamiya y Sergio De Matteo.

El libro tendrá distribución gratuita en las bibliotecas populares de la Argentina y ya está disponible en formato digital.

Bauer en Ushuaia en el homenaje a los excombatientes Foto Cristian Urrutia
Bauer en Ushuaia en el homenaje a los excombatientes/ Foto Cristian Urrutia

Antes del acto, la comitiva realizó un homenaje a los ex combatientes que comprendió la colocación de una ofrenda floral en el Monumento a los Caídos durante la guerra de Malvinas emplazado a orilla del Canal Beagle, y la visita al Museo Pensar Malvinas también de la capital de Tierra del Fuego.

Para ello fueron acompañados por autoridades provinciales y municipales, además de integrantes del “Centro de Ex Combatientes de Malvinas de Ushuaia” y de “Herederos de la Causa Malvinas”, una agrupación creada por los hijos de veteranos de guerra.

La comitiva nacional que visitó Tierra del Fuego para la presentación también visitó el Museo del Fin del Mundo y el Museo del Presidio de la ciudad y la biblioteca popular Alfonsina Storni.

La agenda de festejos por el Días de las Bibliotecas Populares incluyó presentaciones en Santa Rosa (La Pampa), Oberá (Misiones), Chascomús (Buenos Aires) y San Juan.

En Santa Rosa, el libro fue presentado por el escritor pampeano Sergio de Matteo y la escritora neuquina Silvia Mellado. En Oberá estuvo presente el escritor Mariano Quirós, oriundo de Chaco, acompañado por la enfermera Elsa Mabel Rodas, quien fue parte del Hospital Naval Puerto Belgrano en 1982.

En San Juan estuvo el ilustrador y presidente de la Asociación de Dibujantes de Argentina, Norberto “Poly” Bernatene, mientras que en el Museo Provincial de Bellas Artes Franklin Rawson se realizó una “Maratón de dibujo” en la que también participó el dibujante sanjuanino Lucas Aguirre.

Mientras que en Chascomús, la Conabip y el Instituto Cultural bonaerense, organizaron actividades con un bibliomóvil y presentaron el libro de la mano de la escritora Alejandra Kamiya y el escritor Marcelo Guerrieri.

Bauer en Ushuaia en el homenaje a los excombatientes Foto Cristian Urrutia
Bauer en Ushuaia en el homenaje a los excombatientes / Foto Cristian Urrutia

Una escultura iluminada en homenaje al maestro Jaime Torres

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Titulada «Jaime Torres Iluminado», se encuentra en Piedras 1947, donde vivía el reconocido charanguista. Es obra del artista argentino Alejandro Marmo.

La obra titulada Jaime Torres Iluminado en la puerta de su vivienda qued inaugurada en una ceremonia que cont con la presencia de su esposa Elba Torres y sus hijos
La obra titulada «Jaime Torres Iluminado», en la puerta de su vivienda, quedó inaugurada en una ceremonia que contó con la presencia de su esposa, Elba Torres, y sus hijos.

Una escultura iluminada en homenaje al maestro del folclore Jaime Torres (1938-2018), obra del artista argentino Alejandro Marmo, fue inaugurada en el barrio de San Telmo, en Piedras 1947, donde vivía el reconocido charanguista.

Torres nació el 21 de septiembre de 1938 en San Miguel de Tucumán y a lo largo de su carrera se caracterizó por tocar con la misma pasión en escenarios muy diferentes, desde el Tantanakuy hasta el prestigioso Teatro Colón de Buenos Aires, pasando por la Filarmónica de Berlín, la Sala Octubre de Leningrado y el Lincoln Center.

En su extensa trayectoria, grabó más de veinte discos y recibió innumerables reconocimientos entre los que se cuentan el premio Sadaic (1986), el Estrella de Mar (1992 y 1999), el Lobo de Mar a la Cultura (1997) y el Juan Bautista (1997).

Durante 1990, Torres se presentó con el Tata Cedrón en París y el interior de Francia, y con Eduardo Falú en Londres. En el intermedio estrenó en el teatro Opera de Buenos Aires su ópera «Suite en Concierto», con arreglos de Gerardo Gandini, siendo intérprete solista junto con la Camerata Bariloche.

Fue declarado en 2013 ciudadano Ilustre de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires por la Legislatura porteña y en 2015, la Fundación Konex le otorgó la Mención Especial a la Trayectoria por su gran aporte a la música popular argentina.

La obra titulada «Jaime Torres Iluminado», en la puerta de su vivienda, quedó inaugurada en una ceremonia que contó con la presencia de su esposa, Elba Torres, y sus hijos, quienes descubrieron la pieza realizada por Marmo, declarada de interés cultural por la diputada Gisela Marziotta.

Marmo es autor además de la Evita en la Avenida 9 de Julio y de la serie «Los Iluminados» que incluye a Luca Prodan, Gustavo Cerati, Charly Garcia, Mercedes Sosa, Luis Alberto Spinetta, Juan Alberto Badia, Diego Maradona, Sandro y Carlitos Bala, entre otros.

Elvira Espejo, la tejedora y poeta que propone un puente entre occidente y la cultura andina

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Hablante de aymara y quechua, fue criada en la comunidad ayllu Qaqachaka, Oruro, del actual Estado Plurinacional de Bolivia y tuvo como una de sus primeras rebeldías terminar el bachillerato, destinado a los hombres.

Fue la primera mujer con pollera en una Escuela de Bellas Artes destinada a una poblacin no indgena Foto Emilio Rapetti
Fue la primera mujer con pollera en una Escuela de Bellas Artes destinada a una población «no indígena» / Foto Emilio Rapetti

La artista, tejedora, poeta, e investigadora boliviana Elvira Espejo Ayca, una de las invitadas principales que tuvo el ciclo «Los patrimonios son políticos» realizado en Santiago del Estero, destaca la importancia de poner en diálogo la voz de las comunidades originarias de la región andina con la mirada occidental: «Nosotros hablamos con el cuerpo, con la sensibilidad, pensamos con la sensibilidad de comunicarnos a través de los ojos, a través del cuerpo, a través de los pies», dice en diálogo con Télam.

La artista plástica, tejedora y experta en textiles originarios, narradora de la tradición oral y hablante de aymara y quechua, fue criada en la comunidad ayllu Qaqachaka, Oruro, del actual Estado Plurinacional de Bolivia y tuvo como una de sus primeras rebeldías decidir terminar el bachillerato, algo destinado al universo masculino. Luego estudió Bellas Artes, rompiendo con el lugar destinado para la mujer en la estructura comunitaria ancestral pero se encontró con una tradición artística blanca y eurocéntrica que no la representaba.

Fue la primera mujer con pollera en una Escuela de Bellas Artes destinada a una población «no indígena», decía en una entrevista que le dedicó la revista Vogue de México en 2020.

 Foto Emilio Rapetti
/ Foto Emilio Rapetti

Ese mismo año Espejo Ayca (1981) fue galardonada con la Medalla Goethe por sus contribuciones al entendimiento intercultural, otorgado por el Goethe-Institut, siendo la primera boliviana, la más joven y primera representante indígena en obtenerlo. Este año fue invitada a visitar las ciudades alemanas de Berlín y Dessau para proseguir sus investigaciones ancladas en el territorio americano.

Cálida y franca, Espejo afirma que es complicado decir quién es, «porque Elvira hace varias cosas, y está entre la comunidad y el centro urbano, como dos polos -y pasa a la primera persona- lo bueno es que encuentro siempre ese puente de conectividad de poder contestarla y decirla, equilibrada. En los últimos tiempos veo a la pensadora, la que medita, piensa, la que realmente se autocuestiona o se autopregunta y autoreflexiona», expresa.

Dice que le gusta tejer cuando se está en un estado de «congestión» de temas que van de lo administrativo a las lecturas u otras obligaciones que asume y «consumen mucho tiempo», y agrega que al hablar de la textilería, empezar a tejer, se puede empezar a «tener esa sensibilidad de relajarse de a poco», explica sobre ese cable a tierra de la vida cotidiana: «Es como que tomas los pasos y sigues trabajando y te relajas».

La tejedora y artista plástica plantea que en el aprendizaje de lo textil es con todo el cuerpo a diferencia de la escuela donde es la mente la que se prioriza y el cuerpo se deja quieto. ¿Qué implica esto? «Esa es una de las preguntas bien grandes, porque siempre produce esa complejidad o hace un ruido, en este caso el tema del racionalismo, cuando es muy estructurado, vertical, lo racional predomina y en realidad, -diferencia- en nuestros pueblos y comunidades no es así. Nosotros hablamos con el cuerpo, hablamos con la sensibilidad, pensamos con la sensibilidad de comunicarnos a través de los ojos, a través del cuerpo, a través de los pies», responde en diálogo con Télam.

 Foto Emilio Rapetti
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Por ejemplo, destaca «esa conectividad de los pies y la tierra, de la que se habla mucho, y cómo la tierra comunica a través de la textura, de la sensibilidad dactilar (en lo textil), que en muchos casos se ha ignorado, y que muchas veces se ha trabajado desde esta academia de la verticalidad y piramidalidad. De eso se trata este pensamiento, racista, no inclusivo, porque tienes que pensar a ese nivel para poder ser de esa lógica», explica crítica.

En ese sentido le interesa pensar que se trata de «una construcción de su época, que tiene que ver con esa sensibilidad de las cuatro paredes y pensar desde allí y tratar de describir lo que nos ven, lo que nos miran».

Esa sensibilidad descriptiva es una trampa, sostiene, sobre todo porque desde su representación de las cosmovisiones de los pueblos originarios: «Nosotros ya hablamos de la praxis y hemos leído la academia, -entonces- como comprendemos desde esa esencia, cambia la filosofía, la epistemología bajo nuestras terminologías, que es como lo comprendemos», explica sobre esa lectura que desde un territorio ocupado y colonizado se hace sobre esas epistemologías trasplantadas.

«Es un gran orgullo poder avanzar y realmente decir cómo sentimos y pensamos como América Latina y ser orgullosa de las cosas que tenemos, y eso es lo que me impresiona, me impacta en los trabajos que desarrollo porque cada vez me voy topando con una sensibilidad muy profunda», indica. Como ejemplo menciona su trabajo sobre los ancestros y cómo «nuestras abuelas, abuelos fueron grandes biólogos, capaces de convertir una espiga en una mazorca de maíz y además a una gran variedad de maíz».

 Foto Emilio Rapetti
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«¿Por qué no reconocerles esto que fue desarrollado en nuestros territorios, en nuestros pueblos y en nuestros grandes pensadores?», se pregunta a modo de interpelación y afirma «que vale la pena pensar desde esa sensibilidad».

Una sensibilidad que también viene de la mano de los estudios decoloniales que desde la década del 70 impulsan pensares situados que cobran fuerza en estos últimos años con una autorreflexión sobre y desde las praxis.

¿Cómo funciona ese puente entre los modos de concebir el mundo que desarrolla? «Es un puente de contestar con la verdad. Muchas veces la gente no se anima a hacerlo y somos seguidores de las corrientes, porque la Academia te obliga a citar, entonces uno lee a los grandes filósofos, científicos y vas citando, tal persona dice esto y por lo tanto probablemente es así (se ríe), y en eso caes en esa información». Y destaca que habla las lenguas originarias, pero retoma los textos publicados y advierte «errores garrafales».

Entonces, entre ambos «mundos», Espejo traduce, como lo hace en su ensayo «Yanak Uywaña. La crianza mutua de las artes» (2022), donde trabaja «el tema de la decolonialidad del pensamiento del arte, de la racionalidad».

Y se explaya sobre ese texto esclarecedor traducido al castellano de la crianza mutua: «son los cuidados máximos a los bienes culturales que heredamos en nuestros pueblos y comunidades o de la familia y eso te obliga a cuidarlo, entonces no es simplemente la sensibilidad de la percepción del ojo, es una crítica muy interesante. Ese puente construye -precisa- de que hay formas y maneras de pensar en términos filosóficos y epistemológicos, y no todos somos iguales pensando como ellos, porque estamos hablando de nuestros territorios y diciendo realmente lo que somos en la diversidad», afirma.

 Foto Emilio Rapetti
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Sobre lo textil, que tiene una gran presencia revalorizadora desde espacios museísticos, artísticos y artesanales, y fue el foco del encuentro de «Los patrimonios son políticos» plantea que existe un renovado interés, por ejemplo, en las fibras y los tintes naturales, el trabajo de recuperar este arte por parte de artistas, artesanos, y esa continuidad de una herencia que se transmite «de una generación a otra que no es universitaria, es familiar, tradicional, de la comunidad».

En este encuentro organizado por el ministerio de Cultura planteó que desde las universidades se reconozca «a las maestras y maestros que han guardado estas memorias tan importantes para la nueva generación», dice, en especial, refiriéndose a Argentina, «que tiene una tradición increíble en Catamarca, Santiago del Estero, Jujuy, por ejemplo, que son pueblos que han mantenido y trabajado esto y es parte de la esencia de la cultura».

Para Espejo, este reconocimiento permite que «no sea un comercio del mercado, del turismo, sino también de la misma sociedad» la que recupere sus saberes-pensado tal vez, desde lo comunitario y una práctica no extractivista, de respeto mutuo hacia el medio ambiente- y se pregunta «por qué no pensar en los consumos locales, en términos orgánicos, como el de las fibras naturales».

¿Sería una respuesta al tema de la crisis del cambio climático? «Más que de la crisis climática tenemos que hablar de la última crisis que es la pandemia, del confinamiento que ha generado tantos problemas que nos toca cuestionarnos como sociedad cómo aportamos en un equilibrio, un respeto a la Madre Tierra, cómo respondemos. Es un un tema que tiene que ser una discusión a todo nivel. Eso no quiere decir que solamente los que hayan tenido el privilegio de la universidad tengan derecho de discutir, sino llevarlo a los barrios, a las comunidades, para reflexionar y no caer en un consumo de la monocultura que está generando incluso el mismo desempleo», concluye.

«Entre dos obeliscos», un registro de la vida porteña en fotografías de Sameer Makarius

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Al cumplirse 75 años del inicio de relaciones diplomáticas, la Embajada de Egipto en la Argentina exhibirá una muestra del fotógrafo egipcio «como un ejemplo de la construcción de puentes culturales entre ambos países».

La muestra curada por el hijo del fotgrafo Karim Makarius podr visitarse hasta el 29 de septiembre en Virrey del Pino 3140
La muestra, curada por el hijo del fotógrafo, Karim Makarius, podrá visitarse hasta el 29 de septiembre, en Virrey del Pino 3140.

«Entre Dos Obeliscos», una muestra del fotógrafo egipcio Sameer Makarius, quien con su cámara dejó registro de la vida porteña de la década del 50, se exhibe a partir de este jueves en la Embajada de Egipto en la Argentina, al cumplirse 75 años del inicio de relaciones diplomáticas entre ambos países.

Como ningún otro fotógrafo de la época, Makarius mostró la vida porteña, los monumentos más conocidos, entre ellos, el obelisco, que fue tapa de su primer libro, teatros, parques y a los habitantes de la ciudad con sus hábitos cotidianos.

Escribió el primer ensayo publicado en el país sobre fotografía argentina desde 1840 hasta 1981, y fue el primer fotógrafo en realizar una exposición individual en el Museo de Arte Moderno de Buenos Aires en 1963, informaron los organizadores.

Makarius nació en El Cairo en 1924 y murió en Buenos Aires en el año 2009, y parte de su obra fotográfica está documentada en dos libros: Buenos Aires y su gente (1960) y Buenos Aires, mi ciudad (1963).

Este mes se exhibe además en el bar El Federal, del barrio porteño de San Telmo, una muestra con 49 imágenes en blanco y negro en las que retrató los lugares de encuentro de los argentinos en la ciudad como el bar Augustus, de Viamonte o Los Mandarines -en «la cortada» de Carabelas-, los salones perennes del Tortoni y el Molino o con fondas de La Boca y San Telmo.


El Embajador de Egipto en Argentina, Mohamed Ibrahim Kazem, destacó la presencia de la muestra, en la sede de la embajada egipcia, como un ejemplo de la construcción de puentes culturales entre ambos países, a través del arte, en especial cuando se cumple el 75 aniversario del establecimiento de relaciones diplomáticas entre ambos países.

La muestra, curada por el hijo del fotógrafo, Karim Makarius, podrá visitarse hasta el 29 de septiembre, en Virrey del Pino 3140, ciudad de Buenos AIres, de 10 a 12, excepto viernes, sábado y domingo.

«Entre la imagen y la palabra»: muestra que ilumina los procesos creativos de Alejandra Pizarnik

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La exposició que abre las puertas este jueves, se nutre del rescate de la obra de la autora, iniciada en 2007 por Horacio González, quien como director de la Biblioteca decidió que se adquiriera 650 volúmenes de la escritora.

Pizarnik fue una de las poetas argentinas ms rupturistas del siglo XX Foto Camila Godoy
Pizarnik fue una de las poetas argentinas más rupturistas del siglo XX / Foto Camila Godoy

Manuscritos, correspondencia, distintas versiones de textos que Alejandra Pizarnik escribió a lo largo de su vida, así como los libros que nutrieron sus lecturas y collages forman parte del fondo documental que atesora la Biblioteca Nacional y se exhibirá a partir de este jueves en una muestra que pone de relieve los complejos mecanismos creativos de una de las poetas argentinas más rupturistas del siglo XX y arroja nuevas luces sobre la belleza oscura de su obra, al cumplirse 50 años de su muerte.

«Entre la imagen y la palabra» se nutre del rescate de la obra de la autora, iniciada en 2007 por Horacio González, quien como director de la Biblioteca decidió que la institución adquiera 650 volúmenes que pertenecían a la escritora. Años más tarde, Myriam Pizarnik de Nesis, heredera y hermana mayor, decidió sumar otros 122 ejemplares y una importante cantidad de material de archivo, dice Evelyn Galiazo, curadora de la muestra.

Este ao se cumplen 50 aniversarios de su muerte Foto Camila Godoy
Este año se cumplen 50 aniversarios de su muerte / Foto Camila Godoy

En 2018 y gracias a una nueva donación de la familia de Pizarnik (1936-1972) llegaron a la biblioteca manuscritos y dactiloescritos originales, distintas versiones de textos corregidos a mano y pasados en limpio, correspondencia, notas personales, separatas y recortes de prensa; papeles que ella misma recortaba y clasificaba, contribuyendo activamente en la construcción de su propia imagen autoral y hoy forman parte de la exhibición.

Fotografías en blanco y negro de la poeta abren la muestra con una imagen tomada por el escritor Enrique Pezzoni, que captó a la autora desplegando en el suelo un conjunto de muñequitos de papel; una foto premiada de Lucrecia Platt en la que aparece el rostro de la autora, con un cigarrillo en la boca, se suman en la exposición y otras de Pizarnik, de cuerpo entero, en juegos de una plaza, y frente a la casa en la que vivió con sus padres en la calle Montes de Oca, del 66, cuando regresó de París; completan las imágenes, fotos familiares de un coleccionista particular.

Alejandra Pizarnik naci en 1936 y muri en 1972 Foto Camila Godoy
Alejandra Pizarnik nació en 1936 y murió en 1972 / Foto Camila Godoy

Un tríptico de «El jardín de las delicias», de El Bosco, el pintor flamenco que con su estilo gótico creó un imaginativo universo de símbolos e imágenes grotescas que parecen sacadas de una pesadilla, forman parte de las creaciones que impactaron en la autora. Un ejemplo de ello son «las figuras híbridas presentes en versos de «La viajera con maleta con piel de pájaro» donde aparecen fragmentos inconexos que recomponen imágenes nuevas y remiten a figuras que aparecen en distintos cuadros del Bosco», señala la curadora.

Una máquina de escribir de la autora, contiguo al tríptico de El Bosco, marca el umbral entre lo que sería la vida y la obra de Pizarnik, dando cuenta de que los papeles que aparecen del otro lado de la muestra son documentos que fueron parte de su intimidad, pero a la vez documentan sus procesos creativos, explica Galiazo.

La muestra transita además hacia un espacio lúdico, donde a partir de un pizarrón que encabeza sintagmas como «la casa del lenguaje» o «el palacio de la escritura» propios de la autora, invita a armar poemas con términos emblemáticos presentes en su poesía como la noche, la muerte, el jardín, el viento y la sombra, dando cuenta de la idea de que «la poesía es reescritura de distintas versiones y combinatorias de esos términos».

La muestra se exhibir hasta abril de 2023 en la Sala Juan L Ortiz de la Biblioteca Nacional Foto Camila Godoy
La muestra se exhibirá hasta abril de 2023, en la Sala Juan L Ortiz, de la Biblioteca Nacional / Foto Camila Godoy

Un collage de objetos al que la curadora denomina Atlas rescata distintas imágenes y palabras tomadas de los manuscritos de la autora, de sus libros publicados, citas de sus diarios personales, de las cartas, de los poemas y cubiertos con acrílico, hay libros en su biblioteca personal -como «Reflexions sur la poésie» de Paul Claudel- y hay imágenes de distintos artistas que le gustaban mucho como las de Remedios Varo. y sus triciclos

Referencia fundamental de sus últimos escritos fue «Alicia en el país de las maravillas», dice la curadora en el recorrido de la muestra con Télam en la que aparece una imagen de la condensa sangrienta, palabras recortadas de sus manuscritos, referencia a obras de artistas que le gustaban especialmente como la obra El grito, del noruego Edvard Munch; y referencias al arte primitivo, a Chagall, dibujos de un libro del Art Brut, presente en su biblioteca personal, y un manuscrito de Antonin Artaud, uno de los poetas malditos, fundamental en su obra.

Esta sumatoria de objetos, palabras, manuscritos responde a la idea de Pizarnik de que «el pensamiento se dispara a través de imágenes no desde lo conceptual y se relaciona con que ella buscaba una poesía que fuera visual, la poesía del objeto, porque pensaba sus poemas como visiones», explica la curadora.

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«El poeta comparte con el pintor la necesidad ineludible de hacer existir los objetos de su espíritu (imágenes, representaciones) las cuales exigen, a fin de existir con entera plenitud, la máxima precisión», señala uno de los textos expuestos.

Vitrinas con manuscritos, libros marcados por la autora, al igual que la entrevista a Margarite Duras, en Francia, y no fueron recopiladas en libros; entrevistas publicadas en la revista Sur, la entrevista a Roberto Juarroz en la revista Zona Franca donde habla de la pintura, una entrevista a Borges; reseñas y ensayos críticos sobre literatura y ocultismo que demuestran que además de escritora era crítica.

Los papeles de trabajo que recoge la muestra, «muchos con tachaduras y reformulaciones derriban la imagen de que la obra surgiera desde una escritura inspirada, sino que recuperan la idea del trabajo, de la perseverancia, de la lucha con el lenguaje, la lucha cuerpo a cuerpo por encontrar la palabra justa y a la vez tiene un impacto visual que se relaciona con sus métodos de escritura relacionados con la reescritura: como un collage, una intervención de la misma manera que se pensaban las artes plásticas», explica la curadora.

«Entre la imagen y la palabra» dialoga con la exposición «Infieles» del Museo del libro y de la lengua, pensada también en torno a la relación entre el lenguaje de la plástica y el de la escritura, donde pueden apreciarse obras de varios personajes de la cultura de los sesenta que tenían vínculos estrechos con Pizarnik como Manuel Mujica Lainez y Silvina Ocampo, por ejemplo. Sin ser una dibujante excepcional -o tal vez gracias a eso-, Pizarnik desarrolló un estilo particular. Asistió al taller del pintor catalán Juan Batlle Planas y expuso en varias galerías, recuerda Galiazo.

 Foto Camila Godoy
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Si bien se ignora el paradero de la gran mayoría de sus obras plásticas, gracias a un convenio con la Biblioteca de la Universidad de Princeton, la muestra incluye digitalizaciones de los dibujos y collages conservados allí, además de dos originales que la poeta le obsequió a Ivonne Bordelois y Graciela Maturo. Con el objetivo de sacar de la invisibilidad esta faceta menos conocida de la autora, se exponen también obras de su maestro, Batlle Planas.

La Universidad de Princeton, en su área de Estudios Latinoamericanos, cobija la mayor parte de los materiales de la obra de la autora, sacados desde Argentina en barco en plena dictadura cívico militar, en los 70, por temor a su destrucción. Manuscritos y libros reunidos en diez cajas partieron del país en dos sacos, para que llegaran a manos de Julio Cortázar, en Francia, cuenta Galiazo.

Las personas a cargo de esta tarea, junto a la familia fueron Marta Moya, la última pareja de Pizarnik, y Ana Becciú, la albacea de su obra, editora en Lumen de las obras completas de la autora, quienes a partir de la muerte de Cortázar, decidieron junto a sus familiares que vayan a Princeton.

 Foto Camila Godoy
/ Foto Camila Godoy

La muestra rescata el fanatismo de la autora por los objetos de librería con dos letras gigantes AP, hechas con insumos librería, como lápices, marcadores, biromes; y entre otros objetos personales, en una vitrina se exhiben muñecas antiguas que prestó la familia, una pulsera y una lapicera Jeffer plateada que es probable que haya comprado en Estados Unidos.

Entre los cuadernos presentes en la muestra, destinados a proyectos específicos, se destaca la famosa serie que compone el Palais du vocabulaire o PV, según las etiquetas identificatorias pegadas en las tapas; siglas que también aparecen en los márgenes de sus libros indicando los pasajes que habrá de copiar y que muchas veces terminan entretejidos de contrabando en su propia escritura. Metáfora de su empresa poética, el Palais du vocabulaire recopila citas de sus lecturas y comentarios textuales.

El público podrá apreciar también el cuaderno verde, compendio de fragmentos de muy diversos autores del canon personal de Pizarnik, transcriptos, interpretados e intervenidos con diferentes técnicas de dibujo, pintura y collage. Mencionado en la correspondencia y en los diarios, constituye un auténtico antecedente del libro de artista, estrechamente vinculado con el Libro de los pasajes de Walter Benjamin y con el Teatro proletario de cámara de Osvaldo Lamborghini.

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Comparte con Benjamin las formas archivísticas de trabajo, la recolección y el fichaje de materiales heterogéneos. El gesto de la intervención artesanal y la conmoción plástica lo acercan al Teatro proletario de cámara. Combinación de escritura y decoupage, el cuaderno verde instala un dispositivo complejo que hace del texto un entramado de hebras y texturas y una serie de procedimientos de recorte y apropiación, destaca Galiazo.

La muestra que se inaugura este jueves a las 19, se exhibirá hasta abril de 2023, en la Sala Juan L Ortiz, de la Biblioteca Nacional, ubicada en Agüero 2505.

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Stephen King cumple 75 años: una inventiva inagotable que va de los libros a las redes

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El autor estadounidense de best-sellers como «El resplandor», «Misery», entre otros, resultó ser un gran ‘tuitero’ que recomienda películas, series, libros, comparte consejos de escritura y opiniones políticas y sociales. 

Stephen Edwin King naci en la ciudad estadounidense de Portland en 1947 Foto Twitter
Stephen Edwin King nació en la ciudad estadounidense de Portland en 1947 / Foto Twitter

El prolífero escritor de terror Stephen King, que este miércoles cumple 75 años, no solo llega a esta edad con unos 65 libros de ficción publicados, sino con una activa participación en las redes sociales donde para deleite de sus fanáticos habla de su escritura, hace devoluciones de lecturas, recomienda series y películas, autopromociona su inminente novela «Cuento de hadas», muestra su postura política y hasta desnuda su vida cotidiana y familiar, porque según dice el autor de “It” y “Carrie”, “Twitter es mi Wikipedia” y “Twitter lo ve todo, lo sabe todo».

Stephen Edwin King, nacido en la ciudad norteamericana de Portland en 1947, comenzó a escribir en la década del 70. Su primera novela, «Carrie», fue rescatada de la basura por su esposa, la también novelista Tabitha King. Fue publicada en una edición de tapas duras por Doubleday Publishing que «solo» vendió 13 mil copias, aunque luego la editorial Signet lanzó una edición en tapas blandas que vendió un millón de ejemplares. Y en 1976 se filmó la famosa película homónima que lo convirtió en un aclamado escritor.

King con una remera en apoyo a Ucrania Foto Twitter
King con una remera en apoyo a Ucrania / Foto Twitter

Desde ese momento, el autor de los best-sellers «El resplandor», «La danza de la muerte», «La zona muerta», «Ojos de fuego», la saga de «La Torre Oscura», «Cujo», «Christine», «Cementerio de animales», «Misery», «Los Tommyknockers», «La mitad oscura», «El juego de Gerald» y otras decenas de obras se vio condicionado por los editores a publicar un solo libro por año, para no «desvalorizar» con demasiada oferta el sello de su nombre. Por esa razón King empezó a utilizar también el pseudónimo de Richard Bachman (Richard por Richard Stark, el seudónimo del autor Donald E. Westlake, y Bachman por la banda Bachman-Turner Overdrive).

Con ese heterónimo, el escritor publicó «Rabia» (novela que retiró de la venta cuando encontraron que un asesino serial se había inspirado en ese libro), «La larga marcha», «Carretera maldita», «El fugitivo», «Maleficio» y «Posesión». Nadie sabía que Bachman era King hasta que fue «desenmascarado» por un librero en 1984.

King en Twitter

En paralelo a esta escritura tan copiosa como magnética, el escritor ha tenido siempre una gran exposición pública que se acrecentó con la llegada de las redes sociales. Nunca fue esquivo a las nuevas tecnologías. Por lo contrario: fue uno de los primeros autores en adoptar el formato de libro electrónico y de elogiar los audiolibros. Y desde la primera semana de diciembre de 2013, con la simple presentación de «autor» en la biografía, King desembarcó en una de las redes sociales más populares con un primer mensaje: «Por fin en Twitter, y no puedo pensar en nada que decir. Vaya escritor que resulté ser». Esta primera presentación con el viejo tópico de la «falsa modestia» se contradice con la actividad desarrollada en esa plataforma durante nueve años, donde queda expuesta su inteligencia, su coherencia, su buen gusto por la ficción y su afición por la crítica literaria o ideológica sin miedo. Así lo pueden certificar sus casi 7 millones de seguidores.

Su primer contacto que tuvo en la red social fue su hijo Joe Hill, uno de los cinco novelistas que hay en su familia: además de Joe se alistan en este oficio el propio Stephen, su esposa Tabitha, su otro hijo Owen y su nuera Kelly Braffet, mientras que su hija, Naomi es ministra de la Iglesia Unitaria Universalista. King no tiene ningún problema en mostrar la vida de su familia en Twitter. Este año su hijo Hill tuvo gemelos y el narrador suele retuitear sus fotos e incluso habla de ellos en más de una ocasión. «Gracias a mi hijo Joe Hill y su encantadora esposa Gillian, soy abuelo de hermosos gemelos. Estoy practicando mi técnica para acunarlos», posteó hace un tiempo.

Uno de los personajes importantes de esta novela hipertextual que teje con su propia vida en la red social es su perra Molly, también conocida como «La cosa del mal», una adorable corgi galés de Pembroke. El autor de «Cujo» describe en Twitter la vida de la mascota desde su llegada. Al animal, como cualquier cachorro, se lo ve rompiendo almohadones y haciendo travesuras en la casa de la familia. Claro que esta presencia y su amor por el animal, va en contra de la idea de la novela que escribió en 1981 sobre un San Bernardo rabioso que aterrorizaba a una madre y a su hijo. Según contó King, la historia de este enorme animal llamado «Cujo» nació el día que fue a buscar su motocicleta a un taller mecánico en Maine (ciudad en la que vivió con su familia) en el verano de 1977. En el lote había un perro gigante y enojado con el escritor: «el San Bernardo más grande que he visto en mi vida», lo describió en una entrevista. Molly es hoy su compañera en lecturas y en sus momentos de ver series o películas.

Su postura política y partidaria

King no llega a seguir un centenar y medio de personalidades. Suele retuitear las publicaciones del presidente Biden, por quien abiertamente muestra simpatía. Otro de sus ataques permanentes durante años fue al expresidente republicano Donald Trump, de quien ni siquiera se contuvo de publicar memes en su contra. «Donald Trump y los republicanos de MAGA son una amenaza para el alma misma de este país. Trump apesta. ¿Podemos seguir adelante?».

En 2015, King fue honrado por el presidente Barack Obama con la Medalla Nacional de las Artes 2014 por sus contribuciones a la cultura pop.

Una de sus posturas más fuerte en contra de los republicanos es el uso de armas automática y semiautomática, sobre todo el fusil AR-15 que por 500 dólares se puede comprar en cualquier tienda de los Estados Unidos. El 1º de diciembre de 2021 escribía: «Otro tiroteo en la escuela. 3 muertos, más heridos, cientos aterrorizados. Hasta que haya leyes de armas con dientes en este país, como las de Gran Bretaña, nuestros niños seguirán siendo sacrificados en el altar de la Segunda Enmienda». Y retuiteó a la joven Romy, hija del director Rob Reiner: «USTED PUEDE MATAR NIÑOS EN LA ESCUELA EN TEXAS PERO NO PUEDE HACERSE UN ABORTO». La interrupción voluntaria del embarazo es por otra cuestión que milita en las redes sociales el escritor.

Otro político favorito en sus ataques es el presidente ruso Vladimir Putin, sobre todo luego de la invasión a Ucrania, de quien dijo que «es el Vietnam de Putin». En paralelo, propuso un boicot a la gaseosa más famosa del mundo: «Coca Cola continúa vendiendo sus productos en Rusia. #BoycottCoke».

King y sus recomendaciones de libros y películas

A pesar de que este 17 de junio escribió: «So much to watch. / So much to read./ So little time». (Mucho que ver. / Tanto para leer. / Tan poco tiempo), el escritor es una máquina de recomendar libros, películas y series, y de hacer devoluciones críticas de lecturas. Escribe sobre la novela recién publicada en inglés, «The Ink Black Heart», de una autora que King retuitea asiduamente, J. K. Rowling, la autora de la saga de Harry Potter, que en esta ocasión escribió bajo el seudónimo de Robert Galbraith: «Larga, relajada, muy entretenida. Los críticos dicen que hay demasiado Twitter en ella, pero, claro, Twitter es más o menos de lo que se trata», pondera el escritor.

«Ken Follett no puede escribir un mal libro, y NUNCA es el mejor. Es aterrador. Desafío a cualquiera a dejarlo una vez que se alcanzan las últimas 150 páginas», propone King. Y recomienda «City on Fire», de Don Winslow: «esta es una ficción policial que no se puede dejar de leer. Si lo has leído, ya lo sabes. Si no lo has hecho, tal vez vayas a comprarlo y lo consigas», dice.

King dice: «Twitter es mi Wikipedia» y a través de su militancia en esta red en 2019 logró que el «Portland Press Herald» de Maine restableciera las reseñas de libros que había dejado de publicar sobre libros locales.

En estos días mientras escucha fuerte a la banda estadounidense de heavy metal Quiet Riot. escribe: «Además, si puedo autopromocionarme: ‘Fairy Tale’ sale a la venta ahora (y en su librería local, si no está prohibido)». La novela que publicará por estos días en español el sello Plaza & Janés es la historia de Charlie Reade, un joven de diecisiete años que hereda las llaves de un mundo paralelo donde el bien y el mal están en guerra. Lo acompaña su perro. El libro no circula aún y ya se anunció que será llevado al cine bajo la dirección de Paul Greengrass, de quien King es fan y por ende le cedió los derechos por solo un dólar. Eso sí: se aseguró una alta participación en la taquilla.

El sello que publica éste y muchos otros libros del escritor pertenece al conglomerado Penguin Random House, al que el propio King no dudó en acusar a principios del mes pasado cuando se subió al banquillo de un tribunal de Washington en el marco de las acciones legales que está llevando adelante el gobierno estadounidense para frenar la fusión de esta firma con la editorial Simon & Schuster. «Estoy aquí porque creo que la consolidación es mala para la competencia», dijo el novelista en la sala de audiencias, haciendo valer el peso de su trayectoria para desconsistir cualquier represalia por haber declarado en contra de los intereses de su sello editor.

Stephen King con Molly Foto Twitter
Stephen King con Molly / Foto Twitter

King contó en su exposición judicial que su primer cheque en 1974 fue de 2.500 dólares por «Carrie», cuyas ventas se dispararon tras su adaptación cinematográfica. Luego vinieron otros hits como «El resplandor» y en ese entonces ofreció a su editor reservar sus tres siguientes libros a cambio de 2 millones de dólares, pero el editor se negó «con una carcajada». ¿Qué hizo el maestro del terror? Se fue a la competencia y siguió alternando las publicaciones de sus libros con editoriales conocidas, mientras seguía editando algunos de sus libros para sellos más independientes.

Todo este apasionante mundo del escritor quien en el comienzo de su otoño cumple 75 años puede vivirse en la cuenta oficial de Twitter. Y por supuesto, en su inagotable imaginación que sigue alimentando a ese entramado editorial que cada tanto se encarga de combatir.

Fairy Tales Cuento de hadas en espaol el ltimo libro de Stephen King Foto Alejandro Santa Cruz
«Fairy Tales», «Cuento de hadas» en español, el último libro de Stephen King / Foto Alejandro Santa Cruz

Marina Yuszczuk: «Hay algo de la vida adulta que es pura pérdida, todo el tiempo»

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En «Para que sepan que vinimos», la autora de «La sed» vuelve a indagar en el duelo y en la maternidad en uan historia en la que también están presentes lo gótico y lo fantasmagórico. 

Marina Yuszczuk gan el Premio Sara Gallardo por La sed
Marina Yuszczuk ganó el Premio Sara Gallardo por La sed.

Hay escrituras que se inscriben en constelaciones y en la ficción encuentran un cauce donde desplegar distintas preguntas, y por ahí viene transitando Marina Yuszczuk en algunos de sus libros cuando indaga en el duelo, la enfermedad, la maternidad y el deseo al poner en diálogo elementos fantásticos con preguntas profundas de la existencia humana desde el género gótico, como lo hace en su última novela «Para que sepan que vinimos», en la que se mete con fantasmas y explora el lado oscuro de la ausencia y hace detonar la existencia del paraíso de la felicidad.

Por su novela anterior, «La sed», la autora ganó el Premio de Novela Sara Gallardo en 2021 con una trama protagonizada primero por una vampira que anda por Buenos Aires en el siglo XIX, y luego por una mujer en duelo por la muerte de su mamá. En «Para que sepan que vinimos» también hay una hija atravesada por la pérdida, ese dolor sin tiempo, sin espacio, que lo impregna todo, y que Fernanda -como se llama la protagonista- intenta soltar, aún sabiendo que hay experiencias de las que poco control se tiene, como el dolor y el miedo cuando se aparecen o cuando lo que acecha es la presencia de su mamá. Porque si algo contiene el duelo es hacer de la ausencia una presencia constante, a tal punto de alcanzar la entidad de un fantasma.

Fernanda también es madre de Rosa, está en pareja con Mariano y deciden hacer el viaje que tanto venían soñando a Nueva York como una forma de devolverle a los días alguna fibra que recuerde el sentido de la existencia, mientras tironea por lo bajo la sombra de la enfermedad de su mamá y de la desgastante rutina doméstica, o mejor dicho la desintegración del deseo. Pero, como escribe la voz que narra la novela editada por Blatt y Ríos, «lo que fuera que viajaba con Fernanda se fue con ella». Al empecinamiento de tapar lo que es evidente, Yuszczuk le contrapone la fuerza de lo siniestro para mostrar lo trivial y artificioso que puede resultar el intento de darle un sentido pintoresco a lo que ya está roto desde hace mucho tiempo.

Hay entonces una «experiencia de la desilusión», como define en entrevista con Télam la escritora, a ese terreno de preguntas que se expanden en su literatura y que exponen lo sombrío del paso del tiempo, de la vida adulta y quizá por eso en «Para que sepan que vinimos» la voz de la niña, la hija de Fernanda, tiene una potencia arrolladora que ilumina todo aquello que se opaca en el reconocimiento de lo que se pierde y de otras experiencias como la violencia, porque la protagonista ha construido una relación amorosa a base de sobreadaptación.

-Télam: El duelo, la madre enferma y la maternidad son temas que se encuentran entre tu novela anterior, «La sed» y esta nueva, ¿pensás tu literatura como una constelación de temas o zonas que conversan?

-Marina Yuszczuk: Sí, de hecho me parece que «Para que sepan que vinimos» es el reverso de «La sed», pero son dos novelas que pienso juntas. En «La sed» está la carnalidad, la sangre, el erotismo, en «Para que sepan que vinimos», lo etéreo, lo incorpóreo, la falta de deseo y el desencuentro; en una la madre como cuerpo que aloja, como amparo, y en otra como depredadora. También me parece que las dos son historias de mujeres que encuentran una salida a través de la transformación, solo que en «La sed» es para mí una especie de final feliz y en la nueva novela, bueno, es más ambiguo.

Esto también está en «La inocencia», lo de transformarse para romper un orden. En definitiva lo que vas encontrando de un libro a otro es el recorrido de lo que pensaste a lo largo de un período, me parece lógico que aparezcan esas conexiones. Y también me interesa mucho plantear un tema desde distintas perspectivas, como pasa con la relación madre-hija en las tres novelas que escribí. No hay una sola manera de pensar las cosas y creo que eso es lo más apasionante y lo más inquietante que nos toca.

-T: En esta novela hay algo vinculado a lo que se desintegra y se opaca: la relación de pareja, la protagonista, su mamá enferma, la presencia fantasmal, la familia, ¿cuáles reflexiones o inquietudes creés que transitan?

-M.Y: Me interesa algo que incluye todos estos temas y que se podría llamar la experiencia de la desilusión, o lo que pasa con el amor a través del tiempo, con las creencias que arrastramos desde la juventud. Hay algo de la vida adulta que es pura pérdida, todo el tiempo: perder al hijo chiquito que tuviste y que no para de cambiar, perder a los padres, perder amigos, amores. Me parece que en mucho de lo que escribí está presente esa melancolía y que vivimos en un mundo que no le da mucho espacio porque ante todo «hay que estar bien», hay una desesperación por estar bien, por resolver rápido estos malestares cuando se presentan. Tengo un libro de cuentos que se llama «¿Alguien será feliz?», como una pregunta amarga pero que para mí también tiene cierto humor.

Telam SE

-T: Otro eje nodal de la novela es la relación de la pareja: un vínculo complejo y violento donde todo el tiempo se está midiendo al otro ¿hasta dónde se mantiene un vínculo así?

– M.Y: Bueno, yo no sé si alguien puede «ver» su propia vida. Pienso en lo que pasa cuando miramos una foto en la que no nos gusta cómo salimos; lo resolvemos con un «yo no soy así». «Yo no soy este». Listo. Buscamos la foto en la que salimos mejor y nos quedamos con esa. Y en el caso de las relaciones, supongo que las razones por las cuales una pareja está junta o sigue junta siempre son del orden de lo innombrable, fantasmales. Pienso por ejemplo en Swann y Odette de «En busca del tiempo perdido», o el propio narrador con Albertine, esos amores que nacen de la falta y se vuelve al final una tortura. El narrador de Proust hace el ejercicio de remontar el origen de ese tipo de anhelo al miedo de que le faltara el beso de la madre, pero quién sabe.

-T: Mientras el sistema, el universo, exige que las cosas avancen, produzcan, tanto el duelo como la maternidad parecen tener, al menos en esta novela, una dimensión atemporal. Por un lado, para Fernanda el dolor no es cuantificable en unidades de tiempo, por el otro, Fernanda muchas veces se refugia en su hija Rosa y el tiempo allí también cambia porque el tiempo de las infancias se inscribe de otro modo. ¿Encontrás puntos de contacto?

-M.Y: Claro, siento que hay un juego de espejos en esta cadena abuela-madre-hija que tiene mucho que ver con el tiempo. La protagonista es simultáneamente madre e hija, se agranda y se empequeñece, un poco como «Alicia en el País de las maravillas» y esto de «cómeme», «bébeme», entra en distintas dimensiones donde lo realista y lo fantástico se empiezan a mezclar. El gótico generalmente tiene que ver con un pasado mítico, o sepultado, que irrumpe en el presente, que lo amenaza y muchas veces hasta lo hace derrumbar. Y una cosa que me fascina de convivir con mi hijo es que para los chicos realmente se arma de otra manera la relación entre realidad y ficción, no hay una separación, hay como un flujo constante y un juego donde se pasa de un orden al otro de una manera muy loca. Los hijos te hacen participar de ese juego y también te hacen presente tu propia infancia de una manera nueva, me parece que es una experiencia muy intensa de la temporalidad.

-T: El duelo lo permea todo y allí aparece la figura de la pareja como una voz insistente, que no entiende y que trata de sacarle el peso a ese dolor. Pero no hay mucho margen para intervenir porque una no agarra el duelo sino que éste te atrapa ¿en qué se parecen el duelo y ver fantasmas?

-M.Y: Bueno, en un momento se dice en la novela algo así como que la tierra está abierta, creo que es algo así. En el duelo se abre un hueco por el que se cuelan cosas, y uno no tiene control sobre lo que pueda surgir de ahí. Esto aparece también en un sueño que tiene la protagonista: sueña con un agujero en la pared. Me parece que la oscuridad a veces no es que asuste porque no se ve sino porque, paradójicamente, es una especie de página en blanco: ¿qué es lo que podría aparecer si borramos todo lo demás? El viaje a otro país funciona de manera similar, borra la vida cotidiana. El fantasma siempre está, pero no es raro que la protagonista lo vea justo cuando se produce un vaciamiento. En ese sentido el duelo, frente a la desaparición de la persona física, hace aparecer al fantasma.

-T: ¿Y entonces por qué asustan tantos los fantasmas o lo paranormal?

-M.Y: Son inconcebibles pero muchísimas personas creen en fantasmas, más de las que uno se imagina. Es una sobrevida rara de la creencia en la inmortalidad del alma, y las historias de fantasmas y fenómenos sobrenaturales están por todas partes, no solo en la literatura. Esto me gustaba de trabajar con fantasmas, que tiene ese costado popular, digamos. De hecho la protagonista «hereda» una historia de apariciones de su abuela y su madre, con respecto al abuelo muerto. Ese es un dato real que incluí en la novela, quizás el único: es una historia que me contó mi madre. A mí me parece que todos estamos preparados para creer en fantasmas porque fuimos niños y porque, cuando se hace de noche y todo se queda callado, y estamos solos, lo somos otra vez. Hay una escena muy primitiva que sigue estando presente y no creo que haya racionalidad capaz de ir contra eso, si no no existiría la literatura.

-T: ¿Qué potencia tiene para vos incorporar lo fantástico a una trama que puede leerse en clave muy realista? ¿Qué habilita lo fantástico/gótico/terror -como definas vos- en la literatura?

-M.Y: Bueno, estas figuras del gótico en primer lugar dicen cosas que el autor no sabe; en este caso, el vampiro y el fantasma dicen cosas que yo no sé. Y que probablemente no se pueden decir. Nada menos.

Un libro recupera los textos irreverentes que Nora Ephron escribió antes de morir

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“No recuerdo nada” reúne textos de la guionista de «Sintonía de amor» sobre el periodismo, la gastronomía, la vejez y el desamor. 

Nora Ephron muri en 2012
Nora Ephron murió en 2012.

Fresco, liviano y honesto, “No recuerdo nada”, de la periodista y guionista Nora Ephron, conocida por su labor en films como «Cuando Harry conoció a Sally» o «Sintonía de amor», invita a recorrer una serie de postales de época que van desde los días de ejercicio del periodismo en los 60, aquella década de oro en las redacciones estadounidenses y la crítica a la absurda gastronomía neoyorquina de vanguardia, a sus fracasos sentimentales y el miedo más abyecto a envejecer.

Publicado dos años antes de su muerte prematura en 2012 y recientemente editado en España por Libros del Asteroide, el libro recupera la vida de Ephron (Nueva York, 1941-2012). La autora conoció a Eleanor Roosevelt, fue la hija de una pareja de Nueva York que escribió guiones para Katherine Hepburn y Spencer Tracy y becaria en la Casa Blanca de Kennedy, estuvo casada con Carl Bernstein -uno de los periodistas del Watergate- y escribió películas como «Julie & Julia» y “Tienes un email” pero, más allá de la biografía, “No recuerdo nada” privilegia un mirada ácida, lúcida y poco autocondescendiente.

Tres veces nominada al Oscar al mejor guion, Ephron mostró a mujeres fuertes e independientes que se adelantaron a la época, como la activista antinuclear que interpretó Meryl Streep en “Silkwood”, dirigida por Mike Nichols. Pero también reinventó la comedia romántica en películas como “Cuando Harry encontró a Sally” de Rob Reiner, o la comedia romántica “Algo para recordar”, protagonizada por Tom Hanks y Meg Ryan, la pareja que volvió a unir en “Tienes un e-mail”.

“No me acuerdo nada” recupera algo del registro fresco y liviano de los diálogos de aquellas películas cuando la autora expone su vulnerabilidad al hablar de sus divorcios, de cuánto la perturba el remolino que desordena el pelo de su cabeza, cuando confiesa su adicción a un juego online o cuenta algunos fracasos laborales y del miedo a envejecer. Y si bien se usa a sí misma como materia prima para elaborar esta veintena de textos, su arte consiste en evadir el gesto narcisista y el comentario superficial.

La autora también parece empeñada en advertir todo lo azaroso que es el éxito. Recuerda que cuando murió su tío Hal -el hermano de su madre, un hombre rico y distante- especuló durante meses con una herencia que la liberara de terminar un guion que había aceptado escribir por dinero. Pero la suma que le tocó solo alcanzó para comprar un cerezo y se vio obligada a terminar de escribir otro guion, el de “Cuando Harry encontró a Sally”, una comedia romántica que cambió el género y sentó las bases de lo que vendría después.

Protagonista de los años dorados del periodismo norteamericano e integrante del elenco estable del mundillo cinematográfico durante varias décadas, Ephron permanece en cada texto fiel a lo que le dicta su intuición, el gusto personal o incluso el capricho. “Fui a muchos conciertos de rock legendarios. Y estuve todo el tiempo pensando cuándo terminarían y dónde iríamos a cenar después, y si el restaurante seguiría abierto para entonces y qué pediría”, confiesa.

En el capítulo “Periodismo: una historia de amor”, la autora recrea sus comienzos en el oficio, a principios de la década del 60, en redacciones llenas de posibilidades en Newsweek y el Post, repletas de periodistas apasionados por su carrera. “Estuve enamorada del periodismo muchos años. Me encantaba la sala de la sección local. Me encantaba el lote completo. Me encantaba fumar, beber whisky escocés y jugar al póquer. No sabía de nada y había elegido una profesión que no requería saber demasiado. Me encantaba la velocidad. Me encantaban los plazos de entrega. Me encantaba que se utilizara un periódico del día anterior para envolver el pescado. `Una historia así no se puede inventar», era una frase que yo decía a menudo», recupera sobre los años que le dedicó a la profesión.

Junto al relato de la pasión laboral, recupera también el de la pasión amorosa: “Me casé con un periodista y no salió bien. Pero luego me casé con otro y sí”. Fue esa misma reflexión la que la guió a publicar en 1983 la novela “Heartburn”, en la que ficcionaliza la historia de su matrimonio con Carl Bernstein, unos de los periodistas del caso Watergate y que le permitió contarle al gran público cómo Bernstein, un héroe nacional, era en la intimidad un impresentable. “Mi religión es: Supéralo. Transformé aquello en una historia divertida. Escribí una novela. Con el dinero que gané con la novela me compré una casa. Dicen que con el tiempo el dolor se olvida. Es el cliché del parto: el dolor se olvida. No comparto esa opinión. Me acuerdo del dolor. Lo que se olvida en realidad es el amor. El divorcio ha durado mucho más que el matrimonio, pero por fin ha terminado”, reflexiona en “No me acuerdo de nada”.

Ephron llevó la leucemia con discreción y para muchos su muerte fue un shock porque solo la familia y los amigos más cercanos sabían que tenía cáncer. Dos años antes del final, dejó en las páginas de «No me acuerdo de nada» el testimonio de cómo esperó ese final: “Darme cuenta de que me quedan solo algunos años buenos me ha impactado y me ha dado mucho que pensar. -cuenta en un capítulo que dedica a lo irremediable de envejecer-. Me gustaría haber encontrado alguna revelación profunda, pero no. Intento descubrir cada día qué me interesa hacer en realidad. Me digo: si este es uno de los últimos años de mi vida, ¿estoy haciendo realmente lo que quiero?».

Clara Obligado: «Cuando uno planta un jardín está haciendo un acto de confianza en el futuro»

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La escritora argentina radicada en España presenta su nuevo libro,  «Todo lo que crece», al que llama «ensayito» y lo define como un texto en espejo con el anterior «Una casa lejos de casa», ya que en los dos están el desarraigo y el arraigo como constructores de identidad.

Foto Victoria Gesualdi
Foto: Victoria Gesualdi

La escritora Clara Obligado no solo no le escapa a la incomodidad sino que se la apropia para escribir y pensar su oficio como argentina radicada en España, donde llegó exiliada durante la última dictadura militar, y desde ese lugar escribió «Todo lo que crece», su más reciente libro, al que llama «ensayito» y lo define como un texto en espejo con el anterior «Una casa lejos de casa», ya que en los dos están el desarraigo y el arraigo como constructores de identidad.

«Uso la primera persona para que la gente no me diga esto no es así. De esta manera no necesito justificarme porque es lo que me pasó a mí», dice la autora en diálogo con Télam en un hotel del centro de la Ciudad de Buenos Aires a horas de haber aterrizado en su país natal, al que viene muy seguido.

Esta vez la excusa es la presentación de «Todo lo que crece», editado por Páginas de espuma, el tercer libro que escribió en el encierro de la pandemia. Ese tiempo la encontró en una casa con jardín en el pueblo español Extremadura y alejada de los viajes y dispuesta a condensar en este trabajo reflexiones sobre el vínculo naturaleza y escritura.

«Quien escribe recicla los recuerdos, se apropia de los restos, los revive, los corrige. Historias a punto de germinar que liberan su contenido y nutrientes, su peculiar nitrógeno, convirtiendo el pasado en materia orgánica. Como motor de estas fantasías también actúa la ciencia», escribe en este libro la ganadora del premio Femenino Lumen por su novela «La hija de Marx».

Con rodeos, hipótesis y conjeturas, Obligado se inmiscuye en los paralelismos entre naturaleza y escritura, ya que los dos necesitan de la paciencia, el asombro y la conciencia de la idea de proceso para ser abordados. «Escribir es arraigar en el aire», dice en este trabajo dividido en dos partes, Sur y Norte, en las que infancia y adultez se tocan a través de la memoria de los aromas y los colores de las plantas, los árboles y las flores.

Entrevista

-Télam: Está claro que el libro empieza en el inicio de la pandemia, pero ¿cuándo decidiste que había terminado?

-Clara Obligado:
 Siempre tengo proyectos muy claros. En este caso fue parte del efecto pandemia, escribí tres libros y lo estoy pagando. Uno es «Una casa lejos de casa» que lo publiqué aquí y un ensayo gemelo que es este. Uno es sobre literatura y extranjería y el otro es sobre naturaleza y escritura. Uno se teje en el otro. En uno se da cuenta de la pérdida de la tierra y en el otro de una manera de enraizar en el planeta. Quizá la pérdida de la tierra es una amplificación de lo que nos pasa.

-T: Hay muchas reflexiones sobre qué implica escribir pero no tanto desde definiciones cerradas sino más desde la pregunta, la indagación. ¿Por qué te interesaba pensar la escritura desde el rodeo?

Foto Victoria Gesualdi
Foto: Victoria Gesualdi

-C.O.: Yo lo llamo ensayito y digo que es una escritura femenina en el sentido no de su sexo sino de su visión del mundo. Es una línea de ensayos que trabajan sobre todo muchas escritoras, donde las ideas no se cierran, son algo que se comparte y en un punto, se sigue pensando. El ensayo masculino parte de una hipótesis abstracta y llega a otra que afirma algo y también es abstracta. El femenino parte de cosas muy concretas como puede ser la tierra, la escritura, tu habitación para llegar a algo abstracto pero puesto en duda.

-T: En un momento te preguntás: «¿Por qué la literatura prestigia la muerte antes que la vida? ¿Por qué se consideran heroicas las batallas, y no los partos?». ¿No tiene un poco que ver con esa mirada que señalás?

-C.O.:
 Siempre me llamó la atención como se habla tanto de morir y tan poco de nacer. Quizás porque es una aventura femenina. Todas las que tenemos hijos sabemos el cambio vital que es tener un hijo. Por qué hablamos de unas cosas y no de otras es una pregunta que me suelo hacer.

-T: ¿Cómo es el trabajo con los editores de un libro tan personal?

-C.O.: Cuando entrego un libro no permito que me cambien ni una coma. Si me dicen algo que entiendo, bueno, pero es muy difícil 
que lo entienda. Trabajo mucho la escritura, corrijo un libro no menos de 100 veces. Es un libro muy personal pero también cuestiona la primera persona porque si mirás los dos ensayos son dos personas distintas. En el primer caso no hay sexualidad, acá hay alusiones muy tímidas a eso. Hay cosas que no quiero contar. De mi pareja actual no hablo casi nunca y de mis hijas hablo poquito. Es un yo inventado, donde todo es verdad pero en el fondo es inventado. Me parece divertido trabajar el yo literario porque siempre mentimos sobre nosotros mismos.

-T: El exilio, el desarraigo y la vida en España para nada idealizada, complejizada. Contás lo que te costó instalarte en España y ahora hay generaciones nuevas que emigran a España. ¿Cómo es ese vínculo? ¿Te relacionás con ellos?

-C.O.:
 Recibo migrantes, no solo argentinos sino latinoamericanos en general. El concepto de mundo ha cambiado mucho en los últimos años. Es muy habitual que un chico se vaya unos años a vivir a otro país y mirar el tuyo desde afuera. Es muy saludable, como así también entender que la migración es un proceso muy duro, no es fácil.

Tengo muchos amigos jóvenes entonces en un punto no engancho del todo con mi generación. Me gustan los jóvenes, su estupor frente a la vida.

Estaba leyendo la respuesta a la Academia de la Lengua de María Teresa Andruetto a quien justamente conocí ahora en México. ¡Cómo nos parecemos! Hay un punto en que hay que responder a esta tentación española de dominio sobre nosotros. No soy nacionalista. Es un libro que abre una manera de mirar al mundo global.

Foto Victoria Gesualdi
Foto: Victoria Gesualdi

-T: ¿Qué te aportó la escritura en ese proceso de arraigo en España?

-C.O.:
 El lugar, yo estoy bien en Madrid. Los madrileños se ocupan de hacerme notar todos los días que yo no soy de Madrid. Yo quiero a España, hace 47 años que vivo ahí pero todos los días me dicen «ah, argentina». El dato de ser extranjera va a estar presente toda mi vida entonces actuó en consecuencia. Por ejemplo, cuando publiqué el otro libro defendí que también tenía que ver mi incomodidad de ser argentina. Hoy fui a una librería y no estaba en «literatura argentina». Ese lugar incómodo, de clavel de aire es la modernidad también.

-T: Las casas tienen un lugar central en el ensayo. Y fue el jardín de una casa el que inspiró y albergó la escritura de este libro.

-C.O.:
 Me encantan los jardines. Ahora estuve con una amiga en México, su madre es una galerista, una mujer con sentido artístico brutal y está con alzhéimer. Pensaba «esta mujer ha plantado todo esto como si fuese un libro y lo está olvidando también». Cuando uno planta un jardín está haciendo un acto de confianza en el futuro porque sabe que va a haber muchas cosas que no va a ver en ese jardín. En cierta forma es como tener un hijo también porque uno dice el destino va por otra parte.

-T: ¿Qué te aportó la pandemia a la escritura de este libro?

-C.O.:
 Me llevó a vivir dos años en Extremadura, en un pueblo. Creo que, si somos sinceros, a los escritores la pandemia nos ayudó. Con todo lo absurdo que es decir eso porque la pandemia fue terrorífica pero me dio tiempo para escribir, me hizo no viajar y me dio tiempo de escribir tres libros en un año.

Trabajé por Zoom, las clases funcionaron muy bien, y trabajé en el campo, siguiendo un ritmo de naturaleza que todo mi vida había querido hacer: estar más de un año en el campo.

-T: ¿La quietud te acercó, te trajo a la naturaleza?

-C.O.:
 En este tema hay mujeres escritoras del Nature writing norteamericanas, inglesas, anglosajonas con una manera de contar muy parecida al ensayo. En ese sentido pienso en Tamara Kamenszain, en Josefina Ludmer. Leo naturalmente mujeres porque me interesan más. Cuando me intereso por un libro, en el 80%de los casos está escrito por una mujer. Soy ecologista desde hace años y la tala de los bosques, el monocultivo de la soja son temas que de pronto entraron en la agenda y son la batalla que tenemos que dar. La batalla política es importante pero la verdadera hoy es la ecológica.

La Feria del Libro de Rosario tuvo la edición más exitosa de su historia

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Con 57 stands de librerías y editoriales, 300 escritores e intelectuales invitados y un predio extendido que abarcó grandes espacios al aire libre, todo con entrada gratuita, la «fiesta de las letras rosarinas» duplicó en público las convocatorias anteriores, logrando un hito.

Foto Sebastin Granata
(Foto: Sebastián Granata).

Con más de 360 mil visitantes, la Feria Internacional del Libro de Rosario cerró su edición más masiva hasta la fecha, un récord que pudo advertirse en las filas inmensas para firmar ejemplares o ingresar a las charlas y homenajes, y en las elevadas ventas que crecieron un 40 por ciento respecto al año anterior y que posicionaron al evento como una fiesta cultural, sin abandonar la escena social, política y ambiental como demostró el discurso inaugural de Claudia Piñeiro al denunciar el «ecocidio» que sufren los humedales del Delta del Paraná y que no deja respirar a los rosarinos.

Este año la agenda de la feria que ya lleva 24 ediciones, se tornó prolífica y heterogénea con un promedio de 25 actividades por día, en las que desde las distintas salas del Centro Cultural Fontanarrosa y a través de actividades encarnadas por figuras de la literatura local y nacional se cruzaron concurridas mesas y charlas sobre el Mundial de fútbol, la defensa de los humedales, el género de autoayuda, la política, el teatro y el feminismo

La masiva afluencia del público se vio reflejada en muchos de los homenajes y las charlas en las que la carpa de 400 butacas se vio desbordada y cientos de lectores debieron seguir las actividades desde una pantalla gigante ubicada en el patio del predio ferial, que se convirtió en un auditorio improvisado, en donde desde el suelo y con bebidas y snacks, ningún visitante se perdió la agenda diaria de la feria.

Las charlas de Pedro Saborido, Rep, María de los Ángeles «Chiqui» González,Cecilia Ce, Samanta Schweblin (vía streaming), la función de teatro de Luis Machín y los homenajes a Gerardo RozínAngélica Gorodischer, Juan Forn y Roberto Fontanarrosa fueron los eventos más convocantes, según indicaron los organizadores También autores de notoria popularidad como el periodista Charlie López -autor del libro «Somos lo que decimos»- y la escritora Camila Sosa Villada pasaron alrededor de 5 horas firmando libros y recibiendo a sus lectores, que hicieron filas de varias cuadras para conocerlos en persona, hacerse selfies y entregarle recuerdos y regalos.

Las intervenciones del psicoanalista Luciano Lutereau y del escritor y periodista Reynaldo Sietecase tuvieron también una convocatoria inesperada para la organización y más de la mitad de los espectadores se quedaron sin lugar en las salas.

En cuanto a las ventas registradas, editores y libreros estimaron que vendieron entre un 30 y un 40 por ciento más que en el 2018 y coincidieron en que son números alentadores «ante un contexto económico difícil, con aumentos en los precios de los libros y los materiales como el papel». En ese sentido, los organizadores promovieron convenios con distintos bancos para generar opciones de financiación y descuentos de hasta un 30 por ciento en las compras en stands de librerías y editoriales.

Si bien las cifras no son definitivas, el stand que más vendió por su «variada oferta» y sus «precios competitivos» fue el de la Biblioteca Nacional (BN), que en su primera participación dentro de la feria rosarina debió renovar stock por la gran demanda de sus ediciones.

En el stand de la Universidad Nacional de Rosario (UNR), se dispararon las ventas del reciente libro «La música de las cosas perdidas» (Eduvim y UNR Editora), del ganador del premio literario Casa de las Américas 2022, Javier Nuñez y entre las editoriales independientes de menor volumen comercial, Último Recurso Ediciones obtuvo ventas importantes de su catálogo completo, en el que sobresalieron los libros del periodista rosarino Carlos del Frade.

«El reencuentro con el público y poder volver a recomendar lecturas siempre es algo a valorar», aseguró a Télam, Nicolas Manzi, director de la editorial de la UNR. Al hacer un balance de la feria desde su mirada de editor, consideró que «fue un esfuerzo grande porque son muchos días trabajando con extensas jornadas, pero queda la sensación de que las cosas salieron bien y eso genera que uno siempre quiera seguir apostando al libro».

Por su parte, el coordinador de la Feria, Marcelo Scalona, dijo a Télam que «la cantidad de gente que circuló por el predio superó las expectativas y como esta es una feria también de la industria y las ventas fueron muy buenas, estamos más que felices».

«Queríamos que fuese celebratoria del libro pero también de la cultura rosarina. Que los visitantes entraran al encuentro de los escritores, de sus libros, y que al salir se encontraran con toda una propuesta cultural amplia. Había personas que pensaban que este tipo de eventos no podían suceder en Rosario, por el estigma de la violencia y la inseguridad, pero quedó demostrado que los sucesos populares son acogidos por los rosarinos que disfrutan de apropiarse del espacio público», destacó.

Al referirse al discurso de apertura a cargo de Claudia Piñeiro, reveló que «hubo cierta desconfianza a la hora de elegirla, cierto resquemor por lo que podría decir y yo tomé la decisión como director porque estaba seguro de su gran prestigio y de su capacidad para hablarnos de literatura desde su posición política».

«Claudia recordó, al igual que (Guillermo) Saccomanno en La Rural, la necesidad del escritor profesional que es un trabajador y que debe cobrar», recuperó Scalona y a su vez, consideró que la escritora «puso el foco en uno de los temas más dramáticos de la región como es el ecocidio» y aseguró que «a los dos días de su discurso tuvimos la represalia con el recrudecimiento de las quemas que fueron de las peores en los últimos tres años».

La apertura a cargo de la autora de «Catedrales» tuvo un fuerte tono político en un sentido amplio de la palabra y abrevó en un racconto por las leyes que hace 10 años que esperan en el Congreso para ser sancionadas. A partir de ahí, la feria estuvo signada por sus palabras y durante los diez días que duró el evento, las cuatro pantallas distribuidas por el Centro Cultural Fontanarrosa, mostraron leyendas como: «Basta de quemas», «Queremos respirar» y «Ley de humedales ya».

La Feria del Libro de Rosario tuvo la edición más exitosa de su historia

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Con 57 stands de librerías y editoriales, 300 escritores e intelectuales invitados y un predio extendido que abarcó grandes espacios al aire libre, todo con entrada gratuita, la «fiesta de las letras rosarinas» duplicó en público las convocatorias anteriores, logrando un hito.

Foto Sebastin Granata
(Foto: Sebastián Granata).

Con más de 360 mil visitantes, la Feria Internacional del Libro de Rosario cerró su edición más masiva hasta la fecha, un récord que pudo advertirse en las filas inmensas para firmar ejemplares o ingresar a las charlas y homenajes, y en las elevadas ventas que crecieron un 40 por ciento respecto al año anterior y que posicionaron al evento como una fiesta cultural, sin abandonar la escena social, política y ambiental como demostró el discurso inaugural de Claudia Piñeiro al denunciar el «ecocidio» que sufren los humedales del Delta del Paraná y que no deja respirar a los rosarinos.

Este año la agenda de la feria que ya lleva 24 ediciones, se tornó prolífica y heterogénea con un promedio de 25 actividades por día, en las que desde las distintas salas del Centro Cultural Fontanarrosa y a través de actividades encarnadas por figuras de la literatura local y nacional se cruzaron concurridas mesas y charlas sobre el Mundial de fútbol, la defensa de los humedales, el género de autoayuda, la política, el teatro y el feminismo

La masiva afluencia del público se vio reflejada en muchos de los homenajes y las charlas en las que la carpa de 400 butacas se vio desbordada y cientos de lectores debieron seguir las actividades desde una pantalla gigante ubicada en el patio del predio ferial, que se convirtió en un auditorio improvisado, en donde desde el suelo y con bebidas y snacks, ningún visitante se perdió la agenda diaria de la feria.

Las charlas de Pedro Saborido, Rep, María de los Ángeles «Chiqui» González,Cecilia Ce, Samanta Schweblin (vía streaming), la función de teatro de Luis Machín y los homenajes a Gerardo RozínAngélica Gorodischer, Juan Forn y Roberto Fontanarrosa fueron los eventos más convocantes, según indicaron los organizadores También autores de notoria popularidad como el periodista Charlie López -autor del libro «Somos lo que decimos»- y la escritora Camila Sosa Villada pasaron alrededor de 5 horas firmando libros y recibiendo a sus lectores, que hicieron filas de varias cuadras para conocerlos en persona, hacerse selfies y entregarle recuerdos y regalos.

Las intervenciones del psicoanalista Luciano Lutereau y del escritor y periodista Reynaldo Sietecase tuvieron también una convocatoria inesperada para la organización y más de la mitad de los espectadores se quedaron sin lugar en las salas.

En cuanto a las ventas registradas, editores y libreros estimaron que vendieron entre un 30 y un 40 por ciento más que en el 2018 y coincidieron en que son números alentadores «ante un contexto económico difícil, con aumentos en los precios de los libros y los materiales como el papel». En ese sentido, los organizadores promovieron convenios con distintos bancos para generar opciones de financiación y descuentos de hasta un 30 por ciento en las compras en stands de librerías y editoriales.

Si bien las cifras no son definitivas, el stand que más vendió por su «variada oferta» y sus «precios competitivos» fue el de la Biblioteca Nacional (BN), que en su primera participación dentro de la feria rosarina debió renovar stock por la gran demanda de sus ediciones.

En el stand de la Universidad Nacional de Rosario (UNR), se dispararon las ventas del reciente libro «La música de las cosas perdidas» (Eduvim y UNR Editora), del ganador del premio literario Casa de las Américas 2022, Javier Nuñez y entre las editoriales independientes de menor volumen comercial, Último Recurso Ediciones obtuvo ventas importantes de su catálogo completo, en el que sobresalieron los libros del periodista rosarino Carlos del Frade.

«El reencuentro con el público y poder volver a recomendar lecturas siempre es algo a valorar», aseguró a Télam, Nicolas Manzi, director de la editorial de la UNR. Al hacer un balance de la feria desde su mirada de editor, consideró que «fue un esfuerzo grande porque son muchos días trabajando con extensas jornadas, pero queda la sensación de que las cosas salieron bien y eso genera que uno siempre quiera seguir apostando al libro».

Por su parte, el coordinador de la Feria, Marcelo Scalona, dijo a Télam que «la cantidad de gente que circuló por el predio superó las expectativas y como esta es una feria también de la industria y las ventas fueron muy buenas, estamos más que felices».

«Queríamos que fuese celebratoria del libro pero también de la cultura rosarina. Que los visitantes entraran al encuentro de los escritores, de sus libros, y que al salir se encontraran con toda una propuesta cultural amplia. Había personas que pensaban que este tipo de eventos no podían suceder en Rosario, por el estigma de la violencia y la inseguridad, pero quedó demostrado que los sucesos populares son acogidos por los rosarinos que disfrutan de apropiarse del espacio público», destacó.

Al referirse al discurso de apertura a cargo de Claudia Piñeiro, reveló que «hubo cierta desconfianza a la hora de elegirla, cierto resquemor por lo que podría decir y yo tomé la decisión como director porque estaba seguro de su gran prestigio y de su capacidad para hablarnos de literatura desde su posición política».

«Claudia recordó, al igual que (Guillermo) Saccomanno en La Rural, la necesidad del escritor profesional que es un trabajador y que debe cobrar», recuperó Scalona y a su vez, consideró que la escritora «puso el foco en uno de los temas más dramáticos de la región como es el ecocidio» y aseguró que «a los dos días de su discurso tuvimos la represalia con el recrudecimiento de las quemas que fueron de las peores en los últimos tres años».

La apertura a cargo de la autora de «Catedrales» tuvo un fuerte tono político en un sentido amplio de la palabra y abrevó en un racconto por las leyes que hace 10 años que esperan en el Congreso para ser sancionadas. A partir de ahí, la feria estuvo signada por sus palabras y durante los diez días que duró el evento, las cuatro pantallas distribuidas por el Centro Cultural Fontanarrosa, mostraron leyendas como: «Basta de quemas», «Queremos respirar» y «Ley de humedales ya».

El hombre que sabía escuchar: emotivo homenaje a Fontanarrosa en la Feria del Libro de Rosario

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El reconocimiento arrancó con su infancia y llegó a su consagración como un “artista total”. Del homenaje participaron la dibujante y diseñadora Florencia Balestra; el biógrafo oficial de Fontanarrosa, Horacio Vargas; el director de la Biblioteca Nacional (BN), Juan Sasturain, y la escritora Ana María Shua.

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Foto: Prensa.

Con referentes de la literatura, el dibujo y el arte, la Feria del Libro de Rosario homenajeó a Roberto Fontanarrosa a poco de cumplirse 15 años de su muerte a través de un recorrido emotivo que arrancó en su infancia y llegó a su consagración como un “artista total”, portador de “un oído muy atento al habla coloquial» y con el talento suficiente para ser al mismo tiempo «un gran humorista, un extraordinario dibujante y un gran narrador», según algunas de las definiciones que circularon a lo largo del tributo.

Ante un público de edades variadas que se congregó en el auditorio Angélica Gorodischer y bajo la moderación de la dibujante y diseñadora Florencia Balestra y el biógrafo oficial de Fontanarrosa, Horacio Vargas, el homenaje al autor de «El mundo ha vivido equivocado» se articuló a través de los testimonios del director de la Biblioteca Nacional (BN), Juan Sasturain, y la escritora Ana María Shua.

Al comienzo del tributo, Vargas definió la personalidad de «El negro» en su infancia “con su aversión a la escuela, su extrema timidez y su arrasadora creatividad desarrollada en las tardes de juego, durante la siesta en su casa del edificio en Catamarca 1421”, mientras se proyectaban en el fondo del escenario sus fotos de niño, extraídas del archivo familiar.

“Para mí fue un padrino, gracias a él pude trabajar con mucha gente como Hermenegildo Sabat o María Elena Walsh. Yo andaba volando en un mundo muy masculino 30 años atrás, y él me abrió puertas”, aseguró por su parte Balestra.

A la hora de describir el trabajo del creador de grandes personajes de la historieta como «Boogie, el aceitoso» o Inodoro Pereyra y su ladero canino Mendieta, Balestra señaló que Fontanarrosa “sabía tratar las costumbres populares, tenía un oído muy atento al habla coloquial, era una mosca para captar todo lo que ocurría a su alrededor”.

“Fue un tipo compulsivo del dibujo con una habilidad increíble a pesar de que decía que no era buen dibujante, un exquisito, una mirada aguda, brillante y mordaz sobre los estereotipos argentinos”, lo definió.

A lo largo de su vida, Fontanarrosa publicó tres novelas y quince libros de cuentos como «El mayor de mis defectos», «Uno nunca sabe», «La mesa de los galanes» y «Los trenes matan a los autos», algunos de los cuales fueron dramatizados, convertidos en obras teatrales y llevados al cine o a la televisión. La admiración, el reconocimiento y el valor por la amistad que cultivó a lo largo de su vida lo hicieron depositario, luego de su muerte el 19 de julio de 2007, de gran cantidad de homenajes que pasaron desde un documental sobre su propia vida, esculturas de su figura y de sus personajes más emblemáticos hasta la creación de un centro cultural que lleva su nombre en la ciudad de Rosario.

Para el escritor y director de la Biblioteca Nacional (BN), Juan Sasturain, “los temas de Fontanarrosa pueden ser muy puntuales y en casos como en el de Inodoro Pereyra –ejemplificó– absolutamente locales, casi herméticos para otro tipo de lectores”. Y agregó: “Él nunca pensó en hacer humor internacional para venderlo en todo el mundo. Nunca pensó cuando escribía a quién le iba a vender lo que hacía. Hizo las cosas más inmediatas, más cercanas a aquello que percibe y le gusta”.

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Foto: Prensa.

«Fue un gran humorista, un extraordinario dibujante y un gran narrador. En cualquiera de esos órdenes si hubiera hecho nada más que dibujar, si hubiera hecho nada más que humor o si hubiera hecho nada más que escribir relatos, estaría siempre entre los mejores, por eso decimos que Fontanarrosa era un artista genuino y total, de los grandes artistas que hemos tenido los argentinos en el siglo XX y comienzos del siglo XXI”, definió Sasturain.

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A su turno, Ana María Shua -que según refirió conoció a Fontanarrosa “de la mejor manera que se puede conocer a un escritor, leyéndolo”- resaltó que “si una virtud extraordinaria tuvo fue la de captar el lenguaje coloquial: lo que hacía era escuchar maravillosamente”. Releyendo algunos de los más de 300 cuentos que publicó, Shua advirtió que en muchos de ellos, Fontanarrosa realizaba la operación narrativa “de describir a un grupo de dos amigos charlando en un café, cuando uno le cuenta a otro una situación con otra persona».

«Me quedé pensando en lo que (Juan José) Saer intenta hacer en ‘Glosa’. Escribe una novela muy larga y un poco aburrida y Fontanarrosa logra el mismo efecto cortito y al pie y es una cosa maravillosa”.

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Sobre el final del encuentro realizado en la carpa exterior del Centro Cultural Fontanarrosa, en donde los últimos 9 días se celebró la Feria del Libro, Shua dijo: “Todos queremos a Fontanarrosa pero eso no es todo, lo más importante es que él nos quiere a los argentinos, nos conoce y sin embargo nos quiere”. Y cerró: “Sabe de nuestros pecados, los comparte, nos perdona; y si Fontanarrosa nos quiere, algo de bueno debemos tener los argentinos”.

Basura y objetos de descarte, una mirada sobre las urbes modernas en el Bellas Artes

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«Vanitas», la muestra del holandés Rob Verf, reflexiona sobre las consecuencias del consumismo y de qué manera perjudicamos el ambiente con acciones cotidianas. 

Rob Verf cuando veo una pila de basura puedo leerla como una instalacin como el material de una escultura Foto Prensa
Rob Verf: «cuando veo una pila de basura puedo leerla como una instalación, como el material de una escultura» / Foto Prensa

«La basura, lo que queda, es una indicación, un pensamiento sobre las consecuencias del consumismo, una reflexión sobre los aspectos negativos de la presencia humana en el mundo, destructora del ambiente, que no va a terminar con el mundo sino con la presencia humana», dice a Télam Rob Verf, autor de la muestra «Vanitas» que por estos días se exhibe en el Museo Nacional de Bellas Artes con curaduría de Marta Penhos.

Las obras de Verf -12 pinturas, un video y una instalación hecha con 53 fotos con referencias a artistas como Pieter de Hooch, Rembrandt, Pieter Claesz y Johannes Vermeer- dialogan con 11 pinturas clave del acervo del Bellas Artes vinculadas a la fugacidad, como «Composición con reloj», de Diego Rivera; «Duraznos y cerezas», de Pierre-Auguste Renoir; y «Sombra en la ventana», de Emilio Pettoruti, o naturalezas muertas de Georges Braque o Lía Correa Morales.

En forma semejante a lo que sucede en los cuadros holandeses, los objetos que forman las estructuras de Verf «expresan a las personas, individual y colectivamente, muestran el paso del uso y el disfrute al descarte y el abandono», explica Penhos sobre la obra que, montada en el segundo piso del Bellas Artes, podrá visitarse hasta el 9 de octubre en avenida del Libertador 1473, ciudad de Buenos Aires, con entrada gratuita.

¿Cuál sería la vanitas contemporánea por excelencia? «Cráneos y esqueletos no han desaparecido -indica Verf-. Picasso, Warhol, Hirst los incluyen en sus obras, incluso en mi trabajo están presentes, dos obras en la exposición los incluyen. Pero la forma de representar el tema cambió y se introducen nuevas formas: en mi pintura es la basura la que ocupa ese lugar simbólico, la que representa esa idea de final desde el consumismo».

Verf si bien el arte no cambia el mundo puede proporcionar un espejo del momento para sacar conclusiones Foto Prensa
Verf: «si bien el arte no cambia el mundo, puede proporcionar un espejo del momento, para sacar conclusiones» / Foto Prensa

La vanitas es un género artístico que resalta la vacuidad de la vida y la relevancia de la muerte como fin de los placeres mundanos y es además un subgénero del bodegón y de la naturaleza muerta de alto valor simbólico alegórico. «Vanitas significa que todo tiene un fin, que a la vida, a los placeres mundanos, sigue inexorablemente la muerte», resume Verf sobre una cuestión que es parte de su obra casi desde el principio, mucho antes de que se instalara en Argentina, llegado desde los Países Bajos, hace ya 22 años.

Verf trabaja la frontera entre la utilidad y el desecho y actualiza la tradición de la vanitas con una reflexión sobre lo efímero, el inexorable paso del tiempo y la muerte, investiga la basura que encuentra en calles de distintas ciudades porque, asegura, «los residuos del consumo representan a la sociedad que los produce, en conjunto muestran la evanescencia de los placeres mundanos, que destaca el motivo de la vanitas, íntimamente ligado a la pintura del país de donde vengo, y en Argentina, el tema se ha vuelto más rico y complejo».

Pero de qué habla la basura, «cuando veo una pila de basura puedo leerla como una instalación, como el material de una escultura -dice Verf-. Cada país, cada ciudad, cada barrio tiene diferentes personas que usan diferentes materiales porque consumen cosas diferentes, el modo en el que la basura es dispuesta depende de cada cultura».

En Rotterdam, grafica, «las personas concentran la basura en sus casas y la sacan junta una o dos veces por semana», en Argentina hay containers en la calle donde la tiran a diario: esto señala expresividades distintas de la basura» y «todo está en esta exposición, con basura que no copio de la realidad sino que construyo, como la composición de una pintura».

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«Para mi la basura no tiene el sentido de suciedad, tiene un valor escultural. En su totalidad refiere a un problema actual, pero comienza por la observación de ese sentido escultural que encuentro en la basura de cualquier lugar por el que camine», define.

En Buenos Aires, por ejemplo, «los cartoneros colectan la basura en la calle -señala Verf-, producen una estructura continuamente transformada por el contacto humano que, en un sentido, es una basura más expresiva y menos estructurada: lo que era una pila en la calle se clasifica y reordena para venderla, me interesan esas construcciones que se desplazan por la ciudad».

El interés de Verf (Holanda, 1964) de trabajar con la basura y sublimarla empezó con un proyecto que hizo en Rotterdam, ciudad donde vivió de muy joven, a fines de los años 90, en paralelo a la icónica feria Manifesta I que por entonces, 1996, era un inédito festival de arte emergente que prometía al público diversión y desconcierto.

«No encontrarás pinturas ni esculturas monumentales, no verás una presentación tradicional, no será una forma de arte involucrada sólo consigo misma. Familiarícese con los numerosos museos interesantes y el trabajo de numerosos artistas desafiantes y aún relativamente desconocidos de toda Europa», prometía en su presentación.

En aquellos días, Verf estaba trabajando junto a un amigo ruso el tema de la distancia y lo hacían a partir de residuos recolectados en la ciudad de Vladivostok, que recubrían con resina epoxi y exponían en la estación de trenes de Rotterdam, Países Bajos: «eran estructuras como fósiles que proponían un viaje mental, la idea de que la basura puede expresar o relatar a la sociedad estuvo desde entonces en una parte de mi trabajo», asegura.

Rob Verf autor de la muestra Foto Prensa
Rob Verf, autor de la muestra / Foto Prensa

Su deriva continuó por Buenos Aires, adonde llegó poco antes de la crisis socioeconómica de diciembre de 2001, el año en que Argentina contó cinco presidentes en 10 días. «Me encontré con un mundo artístico extraordinariamente dinámico, el arte se vinculaba a un tiempo de ebullición, no es que ilustraran el momento, sino que la energía, el dinamismo, daba cuenta de lo que se vivía», cuenta.

«Eso me produjo un sentimiento nostálgico de momentos históricos, como el de la vanguardia en Montmartre a comienzos del siglo anterior. Un tanto salvaje o indisciplinado, y como estaba en un programa de intercambio de artistas, inmediatamente me introduje en el medio artístico, hice muchos amigos y me fui quedando… tuve un estudio en Barracas, después en el centro, después en Constitución, expuse en muchos lugares, desde Bahía Blanca, al Centro Cultural Recoleta, el Borges, la galería Luisa Pedroso, Florencia Braga Menéndez, el museo Castagnino de Rosario. Me sentí inmediatamente parte de esta comunidad», repasa.

Verf estudió en una escuela técnica superespecializada de pintura, donde le enseñaban a pintar desde puertas hasta autos, tipografías o carteles publicitarios, una de las únicas tres que existían en Holanda. Después fue a la Escuela de Arte de Utrecht y de ahí a Rotterdam, «una ciudad súper dinámica y nueva, no olvidemos que fue destruida por los bombardeos de la Segunda Guerra y que desde ese momento está siempre en construcción -rememora-. Ahí era artista de la galería MK, todo iba súper bien pero sentí la necesidad de explorar y expandirme en muchos sentidos. Así llegué a Buenos Aires».

Esa rueda que tanto tiempo atrás empezó a girar continúa ahora en el Bellas Artes, amasando, apisonando la idea de que «si bien el arte no cambia el mundo, puede proporcionar un espejo del momento en el que fue hecho, para sacar conclusiones» y de que «un artista es una persona que expresa un mundo y las cosas que lo ocupan sin limitación de ningún tipo, alguien que busca transmitir la verdad, algo en lo que cree» y que «esa honestidad involucra completa libertad».

Norberto Galasso: «Estamos en presencia de grandes cambios en América Latina»

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El historiador reflexionó con Télam sobre el pasado, el presente y el futuro de los países de la región, en el marco de la presentación de su nuevo libro «Rufino Blanco Fombona, Paladín de la lucha por la patria grande latinoamericana».

Norberto Galasso y una reivindicacin de Rufino Blanco Fombona
Norberto Galasso y una reivindicación de Rufino Blanco Fombona.

El historiador Norberto Galasso explicó que se está «en presencia de grandes cambios en América Latina», en diálogo con Télam, en la previa de la presentación de su libro «Rufino Blanco Fombona, paladín de la Patria Grande y Latinoamericana», que se realizará este viernes desde las 18 horas en la Casa de San Juan.

En el evento, en el que participarán Galasso, el historidor Maximiliano Molocznik y el Ministro de la Corte de Justicia de San Juan Marcelo Jorge Lima, se repasará la historia de Rufino Blanco Fombona, un precursor junto a Manuel Ugarte sobre la necesidad de consolidar la unidad latinoamericana entre los países de la región. 

Blanco Fombona nació en Caracas, Venezuela, el 17 de junio de 1874 y fue crítico literario, novelista, dramaturgo, cuentista e historiador. Fue un escritor popular que luchó por la idea de la Patria Grande Latinoamericana y contra la colonización pedagógica. En esos senderos fustigó a Bartolomé Mitre, a quien calificó como el «fundador de una escuela de falsedades históricas».

También cuestionó a Mitre por su papel en la Guerra del Paraguay y por su tarea como historiador, poeta, militar y político. Con esto se ganó el repudio del diario La Nación y del peridiodismo que enaltecía la idea de una Argentina que nada tuviera que ver con el resto de América Latina. 

El destino quiso que Blanco Fombona encontrara la muerte en Buenos Aires en 1944 cuando vino a solidarizarse con el gobierno argentino, cumplía funciones diplomáticas en Uruguay, que mantenía una posición de neutralidad en la Segunda Guerra Mundial.

Ante su fallecimiento, la prensa oficial lo ignoró y la SADE (Sociedad Argentina de Escritores) le negó su sede para hacer su velatorio. Hoy Galasso rescata su figura como uno de los precursores de la idea de Patria Grande junto al argentino Manuel Ugarte.

Audio · Norberto Galasso: «Estamos en presencia de grandes cambios en América Latina»

¿Cómo está hoy América Latina en comparación a lo que avizoró en su época Blanco Fombona?
Estamos avanzando con todas las dificultades del momento, pero se han producidos casos importantísimos e inesperados como el de Colombia con sus últimas elecciones; México ya hace tiempo que organizado un gobierno popular con López Obrador; Cuba y Venezuela se defiende de los bloqueos hechos por Estados Unidos; Chile está cambiando su Constitución y Brasil por lo que dicen las encuestas permitiría el recupero de un gobierno popular luego del gobierno totalitario y neofascista de Bolsonaro. Estamos en presencia de grandes cambios en América Latina, que espero que nosotros podamos acompañar en la misma senda y en el mismo objetivo que tenían Ugarte y Blanco Fombona, es decir una América Latina soberana, asociada, convertida en la Patria Grande y con profundos cambios sociales para terminar con la miseria, el analfabetismo, la indigencia y con todos los males que plagan a Latinoamérica en toda su historia. 

La presentación se va a hacer en la Casa de San Juan, en Sarmiento 1251, este viernes 16 a las 18 horas ¿Quiénes lo van a acompañar? 
Está Marcelo Jorge Lima, que es una figura importante de la política de San Juan que ha sido legislador ya que actualmente forma parte de la Corte Suprema provincial. Es un interesado en lo que es todo lo relacionado a América Latina. Por eso le atrajo la figura de Rufino Blanco Fombona y ha impulsado la edición de este libro. También estará Maximiliano Molocznik, que hace un epílogo del libro y yo voy a decir unas palabras no del descubrimiento, pero sí de cómo ocurrió que cuando estaba estudiando la vida de Manuel Ugarte me encontré con una correspondencia abundante con Rufino Blanco Fombona referidas todas a la unidad Latinoamericana como objetivo. Con este libro intentamos dar el lugar que corresponde a Rufino Blanco Fombona, que fue un hombre que se preocupó especialmente de la historia latinoamericana y muy crítico de la historia argentina proveniente del mitrismo porque decía que era una novela que había inventado Mitre y también fue muy crítico de la Guerra de la Triple Alianza contra el Paraguay.

Norberto Galasso y una reivindicacin de Rufino Blanco Fombona
Norberto Galasso y una reivindicación de Rufino Blanco Fombona.

Blanco Fombona se caracterizó en su vida de ser un hombre muy comprometido con estas luchas, muy valiente. Supo enfrentar en Venezuela a unos contrabandistas explotadores de indios y mató a dos de ellos. Ahí se lo condujo a la cárcel donde se dedicó a alfabetizar a los peones, que también estaban ahí por ser rebeldes a la explotación. Luego arma la editorial América donde publica un libro muy crítico sobre Bernardino Rivadavia y una reivindicación de Simón Bolívar, como la gran figura de la unidad latinoamericana. Este es el objetivo del acto que vamos a realizar este viernes al público: hacer un homenaje a este amigo de Manuel Ugarte, que como tantos otros luchadores latinoamericanos han quedado silenciados por el poder de los grandes medios, que solo atienden a las figuras que son dóciles a su orientación ideológica y que no han hecho el cumplido homenaje a este gran venezolano.

Blanco Fombona, al meterse con Mitre, ¿se mete directamente con el diario La Nación? 
Fombona está accidentalmente en Argentina cuando fallece y la SADE (Sociedad Argentina de Escritores) se niega a dar su local para el velatorio y los diarios dicen que era un hombre caracterizado por sus locuras, un delirante, un violento y lo descalifican totalmente en el reducido espacio en el que se refieren a él. Pero la historia verdadera lo está recuperando como un gran latinoamericano, como un hombre de la Patria Grande como Ugarte, que avizoró y luchó por el futuro de la unificación de nuestros países que es la única forma de mantener la soberanía y avanzar en la Justicia Social.

También fue un reivindicador de Juan Bautista Alberdi en su perfil latinoamericanista
Sí y sobre todo en los trabajos de Alberdi sobre la Guerra de la Triple Alianza, que eran profundamente críticos. Paraguay era el país más desarrollado de América Latina en aquel momento y se unieron, bajo la influencia inglesa y el gobierno dócil de Brasil, para destruirlo, ya que después no pudo recuperarse. Todo eso está en los libros de Blanco Fombona. Publicó más de 30, que se concentraron en América Latina, que era su objetivo fundamental.

Santiago del Estero aloja un ciclo de charlas y debates que revalorizan el arte textil comunitario

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Con maestras teleras que cuentan su propia realidad como invitadas de honor, el Centro Cultural del Bicentenario de la capital santiagueña alberga desde este jueves y hasta el viernes la tercera edición del ciclo “Los patrimonios son políticos”.

Elvira Espejo artista tejedora y escritora Foto Emilio Rapetti
Elvira Espejo, artista, tejedora y escritora. / Foto: Emilio Rapetti

¿Existen otros modos de pensar patrimonios y políticas en su territorio? es el interrogante que desde la práctica textil permite replantear la vida, lo comunitario y la cultura identitaria en la tercera edición del ciclo “Los patrimonios son políticos”, que entre este jueves y viernes tiene lugar en Santiago del Estero con maestras teleras que cuentan su propia realidad como invitadas de honor y renuevan compromisos de textos hechos de tintas, lanas y tradiciones que comparten tramas con otras escrituras, hechas de letras y poesía.

El ciclo articula dos días de actividad que bajo el nombre de «Textiles, vida y tramas«, se desarrollan en el histórico edificio que alberga al Centro Cultural del Bicentenario de Santiago del Estero, en la Madre de Ciudades, frente a la plaza Libertad. Se trata de un lugar de encuentro para compartir saberes ancestrales y actuales, modos de producción, sinsabores, alegrías, estrategias, y sobre todo, un espacio propuesto como articulador desde el área patrimonial del Ministerio de Cultura en conjunto con la provincia anfitriona, un trabajo en territorio que se impulsa en ese Norte Grande, como se define políticamente en estos días al «concierto de las diez provincias» del norte del país.

Francisco Romero presidente del Instituto de Patrimonio del Chaco Foto Emilio Rapetti
Francisco Romero, presidente del Instituto de Patrimonio del Chaco. / Foto: Emilio Rapetti

Las «maestras teleras» como las llama y reivindica la artista, tejedora y escritora boliviana Elvira Espejo -directora del Museo Nacional de Etnografía y Folklore de La Paz- a sus colegas, es atentamente escuchada y aplaudida por un auditorio nutrido. El encuentro, que trasciende la habitualidad acostumbrada de las ferias de venta, tiene para las tejedoras un reconocimiento propositivo que impulsa un sistema de sustento económico que desde lo comunitario reconecta esa urdimbre social destruida por el individualismo y los modelos extractivistas de producción que asolan montes y climas.

Como parte de las coincidencias planteadas en la primera jornada está el «poder contar desde nosotros lo que hacemos», y también el descartar intermediarios -algo logrado en parte como producto de la pandemia-, porque eso implica perder identidad y autoría de prendas que otros revenden a su provecho, desde mantas, ponchos, sobrecamas, alfombras tapices hasta ropa, con materiales producidos, recolectados en el monte o adquiridos en general de modo local, y procesados según una tradición que pervive.

Foto Emilio Rapetti
Foto: Emilio Rapetti

Las artesanas del textil o teleras como se las denomina por el trabajo en telar o las cesteras de las provincias de Santiago del Estero, Catamarca, Chaco, San Juan, Jujuy y Formosa confluyen en un auditorio repleto y atento, emocionado por momentos, y dialogan, intercambian, aunque también cuestionan los modos de abordaje ajenos a sus vidas donde otros se quedan con un crédito no merecido.

El encuentro se inscribe en esa revalorización que de un tiempo a esta parte está teniendo el textil, no el industrial, sino el tradicional y el estructurado desde lenguas como el quichua cuyos vocablos se filtran en las presentaciones y la búsqueda de prendas «orgánicas», casi en paralelo con esa «conciencia alimentaria» libre de agrotóxicos.

Foto Emilio Rapetti
Foto: Emilio Rapetti

Pero en Argentina, a diferencia de Bolivia, en general la actividad de telar la llevan a cabo las mujeres como sustento, así como también el espacio y tiempo de cuidado del hogar y crianza de los hijos.

Norma Ramírez, que acompaña hace 40 años la asociación de teleras conformada por 63 mujeres y ubicada a unos 90 kilómetros de la ciudad de Santiago del Estero cuyo nombre traducido es «Tejiendo vivo», relata que hace unos cuatro meses recibieron en el monte la visita de responsables de la preservación del patrimonio: «Sé tejer, no vivo de eso. Nos sentimos orgullosas que nos inviten, estar presentes en un encuentro así porque estamos acostumbradas a participar en ferias pero no en un encuentro compartiendo experiencias, enseñanzas. Es una emoción, una experiencia muy distinta», dice, sobre este interés institucional de orden nacional y provincial por la asociación donde tejen lana e incorporan el algodón que trabajan en telar criollo.

Juan Manuel Leguizamon subsecretario de Cultura de Santiago del Estero Foto Emilio Rapetti
Juan Manuel Leguizamon, subsecretario de Cultura de Santiago del Estero. / Foto: Emilio Rapetti

Sobre la revalorización del «arte textil» Ramírez dice que «hay chicas jóvenes que están orgullosas de ser teleras de la base de la abuela» y que hay «otras chicas a las que no les gusta, así como hay madres que no les gusta ni el huso, pero todo nace de cada uno, de su mentalidad». Y agrega: «Ellos (por el gobierno provincial y nacional) quieren que no se muera esto, que siga adelante, a flote, sí es difícil la venta». Y relata Ema Rodríguez, una de las teleras que está a su lado: «Primero he tejido para criar a mis hijos, cambiaba por mercadería, ahora tejo, quizás no necesito tanto porque soy jubilada, mis hijos son grandes, pero mi pasión es tejer».

«La verdad que hace años de andar con Norma por las ferias, con los encuentros, por todos lados. A mí me encanta a pesar de mi edad ver, aprender, me gusta tejer y lo que más me gusta es hacer alfombras y siempre en los tonos naturales, color tierra. Vine a aprender», apunta Rodríguez.

Hilda Isabel «Chabela» Cabrera, del departamento de Jacha, San Juan, provincia donde usan lana de oveja, señala: «Este encuentro es algo muy especial porque venimos a aprender y a conocer y a tener contacto entre gente que uno realmente a veces no lo puede conseguir«, explica desde una gran humildad y un rostro marcado por su sonrisa. Para ella como para otras mujeres, también el saber popular de su entorno implica el uso de los «yuyos», no sólo para tintes sino en su uso medicinal, en algunos casos.

Alejandro Yocca director de Patrimonio Cultural de Santiago del Estero Foto Emilio Rapetti
Alejandro Yocca, director de Patrimonio Cultural de Santiago del Estero. / Foto: Emilio Rapetti

Otra vertiente de ese entramado que se teje es el espacio renovado de las cartografías literarias, que dan cuenta de otras diversidades, sean territoriales o sexuales, una dimensión que también recupera este ciclo, en tanto mirada que prolonga debates sobre la despatriarcalización del arte y los patrimonios.

«Viviana Usubiaga (directora nacional de Gestión Patrimonial) nos decía, entre otras cosas, que en la producción textil de las teleras y tejedoras hacerse compañía, hablar, contarse cosas jugaba un papel importantísimo. En cierto modo me pareció algo muy similar a lo que hacemos quienes escribimos. Más allá del oficio en sí, leemos y escribimos de la mano de otrxs, en atención a lxs otrxs, con la sensibilidad apuntando un poco más allá de nosotros», dice a Télam el narrador Mariano Quirós, uno de los cuatro escritores invitados.

«Pienso que así en cierto modo queda mucho más en evidencia que no estamos solos. Que escribimos, trabajamos, nos frustramos y amamos en conjunto», apunta. Y agrega: «Leer y escribir también son maneras pienso, poniéndome muy cursi, de tejer un abrigo incómodo. Tal vez nos refugie del frío».

Foto Emilio Rapetti
Foto: Emilio Rapetti

En cambio, Sergio Raimondi toma la voz guaraní «Ñandutí» (tela de araña), presente en su recién publicado «Lexikón», desde el que reflexiona sobre la contradicción del tejido y el texto: cualidades, desafíos y fragilidades porque, como dice, «un tejido es un pensamiento».

«Lo curioso es que, si en algún momento el tejido fue el modelo a partir del cual pensar el texto (eso está en la etimología), ahora es el texto el modelo para pensar el tejido. Y ahí hay una limitación, o al menos un problema. Porque más allá de que es casi imposible pensar el tejer sin la lengua, por un lado porque hablar es un modo de transmitir la técnica junto al conjunto de los gestos, por otro porque hablar con otras tejedoras es parte fundamental del ritual del tejido, finalmente el tejido es cualitativamente diferente a un texto», establece el Raimondi.

Y como desafío está distinguir «los términos para dar cuenta de esa cualidad diferencial del pensamiento del tejido», porque «es algo que pareciera estar exigiendo una comprensión en sus propios términos». Y prosigue Raimondi:»¿Qué pasa si no se trata de volver perdurables los tejidos sino de intentar comprender lo patrimonial también en términos de lo efímero y de lo frágil? Porque en ese carácter de lo efímero también hay una enorme fortaleza. Una fortaleza conjugada desde otro modo de la experiencia, desde otro entendimiento del mundo», reflexiona.

Valeria Gonzalez secretaria de Patrimonio Cultural de la Nacin Foto Emilio Rapetti
Valeria Gonzalez, secretaria de Patrimonio Cultural de la Nación. / Foto: Emilio Rapetti

Sin un número preciso aún sobre la cantidad de personas dedicadas al telar en la provincia de Santiago del Estero, Alejandro Yocca, director de Patrimonio Cultural, arroja luz sobre la importancia económica y cultural de la producción textil y este universo patrimonial.

El historiador se remonta a 1587, año en que se realizó la primera exportación de Argentina al exterior de tejidos de algodón y lana de ovejas, entre otros, «producidos en telares españoles». Precisamente, esa primera exportación considerada como inicio del comercio internacional del país se celebra el 2 de septiembre como «Día de la industria».

«De alguna manera es muy singular que en Santiago del Estero todavía en estos días nuestras teleras esquilen las ovejas, produzcan el hilo, lo trencen, tiñan y luego los entramen, algo muy vinculado también con el uso de la lengua quechua que se usa para nombrar los partes del telar, las formas de trabajo y que hacen a la cultura de la familia de las asociaciones, agrupaciones, cooperativas de teleras hoy en Santiago», sostiene.

Yocca asegura que el encuentro que tendrá lugar hasta mañana es «una oportunidad ideal de mejorar la gestión pública de la cultura en una provincia que estuvo postergada económicamente, con sus arcas vacías, que no tenía demasiada inserción en el mercado internacional, por lo tanto sus estructuras de gobierno también en lo cultural se han desarrollado de manera tardía, pero hay un gran entusiasmo», porque como advierte, «la propuesta implica acompañar a la gente para que pueda vivir mejor».

Homenajean a Puig en su pueblo natal con una colección de muñecas

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Pertenecen al profesor y licenciado en Letras Leonardo Schenardi, quien en «Divas de Hollywood» materializará las versiones en miniatura de las artistas más admiradas por el autor de «Boquitas pintadas»: Rita Hayworth, Greta Garbo y Marlene Dietrich.

Manuel Puig hijo dilecto de General Villegas lugar que inmortaliz bajo el nombre de Coronel Vallejos
Manuel Puig, hijo dilecto de General Villegas, lugar que inmortalizó bajo el nombre de «Coronel Vallejos».

Rita Hayworth, Greta Garbo y Marlene Dietrich son algunas de las divas de Hollywood que el escritor argentino Manuel Puig no solo admiró sino que inspiraron su universo y que, en el marco de los homenajes que el municipio de General Villegas realiza por el 90 aniversario de su natalicio, serán parte de una exhibición de muñecas que propone reconstruir la influencia del cine en la vida y en la obra del novelista.

Con el cine como telón de fondo y eje central, el homenaje comenzó este jueves por la mañana con un ciclo de conversatorios que reunió a especialistas y críticos de la obra del escritor como Juan Fiorini, autor de «Contar filmes: o cinema imaginario de Manuel Puig», Graciela Goldchluk, curadora del archivo de manuscritos del autor de «El beso de la mujer araña»; Julia Romero, autora de «Puig por Puig»; y el realizador Carlos Castro, director de «Coronel Vallejos», entre otros.

Con la propuesta «Luz, cámara, Puig», la doble jornada conmemorativa busca desandar el vínculo que el escritor tejió con el mundo cinematográfico, un universo que fue una influencia central en la obra del escritor.

En ese marco, este viernes se presentarán la muestra de muñecas «Divas de Hollywood», del profesor y licenciado en Letras Leonardo Schenardi, donde se pone en escena a las mujeres que Manuel Puig admiró desde cuando su madre lo llevaba por las tardes a ver películas al viejo cine Español de General Villegas, aquel pueblo al que jamás quiso regresar y describió como «la ausencia total de paisaje».

«Van a estar las réplicas de actrices que están vinculadas con el universo de Puig», contó a Télam Schenardi y como si la personificación física fuese posible agregó: «Van Rita Hayworth, Greta Garbo, Marlene Dietrich, Bette Davis, Joan Crawford, Marilyn Monroe, Vivien Leigh, y su compañero en ‘Lo que el viento se llevó’, Clark Gable, y también Frankenstein y la novia de Frankenstein».

El impulsor de la muestra lee a Puig desde que tiene 16 años, momento que coincide con el estreno de la versión teatral de «Boquitas Pintadas», de Oscar Araiz y Renata Schussheim, una obra que recuerda haberlo dejado fascinado. «A esa edad yo todavía no me había descloseteado, pero tenía muy clara cuál era mi identidad y quedé muy identificado con el personaje de Molina en El Beso de la Mujer Araña», destacó el docente.

«Veía películas de Hollywood de los años ’40, ’50, y me sentía identificado con algunas divas como le pasa a Molina. Me encontré leyendo a Puig, y creo que eso les pasó a muchos», agregó.

El gusto por las muñecas apareció de chico y comenzó a comprarlas con sus propios ahorros. Sin embargo, la colección de divas de Hollywood la inició hace algunos años durante un viaje a Río de Janeiro. «En una vidriera de una juguetería vi una Barbie replica de Tippi Hedren lookeada como en la película ‘Los Pájaros’ de Hitchcock, me fascinó. No me la pude comprar porque era carísima, pero cuando volví a Buenos Aires empecé a averiguar y me enteré que Barbie tenía una colección de divas de Hollywood», contó sobre sus comienzos.

Una de las muecas de la muestra que homenajea a Rita Hayworth
Una de las muñecas de la muestra que homenajea a Rita Hayworth.

Apasionado de Puig, Schenardi hasta ahora nunca había podido viajar al pueblo que el escritor retrató en «La Traición de Rita Hayworth» y «Boquitas Pintadas» y por los que se ganó el mote de «puto mentiroso». Sin embargo, tras construir de manera virtual una amistad con Patricia Bargero, conocida en Villegas como «la viuda de Puig» por cuidar y divulgar desde fines de los ’80 el legado del escritor, comenzó a planificar una muestra de cara al 90 aniversario de su nacimiento.

«Fue Patricia la que me convenció de que hiciera algún tipo de actividad con la colección de muñecas», destacó el docente y agregó que en la muestra incluirá una réplica de la actriz argentina Mecha Ortiz. «No es Hollywood, claro, pero para mí tenía que estar si o si porque era la actriz argentina preferida de Manuel», indicó sobre esta muñeca que mandó a hacer especialmente con un artista local.

«La muñeca de Rita Hayworth me la hice traer de Estados Unidos y tiene una historia fuerte», explicó Schenardi y contó que, ante la muerte de la actriz de «Gilda» por Mal de Alzheimer, una de las hijas mandó a hacer muñecas que replicaran su fisonomía con el objetivo de recaudar fondos para investigar la enfermedad. «La muñeca viene con un certificado, con número de serie y va a aparecer en la serie biográfica sobre Manuel que hizo Carlos Castro y que se va a estrenar en unos meses en el canal Encuentro», agregó.

«Voy a montar una juguetería en la biblioteca», dijo entre risas el docente sobre el armado que mañana exhibirá a las muñecas personificando a las actrices con looks vinculados a películas, réplicas que van a estar acompañadas por una obra del artista Sebastián Chillemi, que ha hecho retratos de Puig, un video que explica la relación de las muñecas con el universo literario y personal del novelista, y de la lectura de textos por parte del escritor Daniel Tevini.

«Las locas siempre nos hemos sentido identificadas con las divas porque tienen algo de identidad híbrida. Por un lado, son frágiles, por el otro, son fuertes, son muy femeninas, pero a veces muy masculinas. Las locas nos identificamos con ellas porque quisiéramos ser como ellas», indicó Schenardi al momento de explicar el vínculo entre las actrices, Puig, su obra y la comunidad LGTBQ+ y agregó: «Manuel admiraba mucho e imitaba a Rita Hayworth, a Greta Garbo, hablaba de él mismo y de otros escritores en femenino, hay una identificación de él como gay que toda loca tiene».

«Además la diva y el gay siempre estuvieron hermanados porque desde siempre han sido víctimas de la violencia machista», completó.

La muestra se exhibirá sólo por mañana en la Biblioteca Pública Municipal de Villegas y estará abierta en horario matutino para estudiantes de los colegios secundarios que están abordando la obra del escritor y por la tarde para el público en general.

Según precisó la directora de la institución, Nieves Castillo, «la muestra de Leonardo se explica a través de textos que hablan de cada diva y su influencia en Puig, tanto en la autoría como en su forma de ver la vida».

La actividad será gratuita y si bien se realizará de manera presencial, en simultáneo se emitirá en vivo en el canal de YouTube Biblioteca Villegas, donde quedará alojado, y en la fanpage de Facebook @bibliotecavillegas.

El artista Weiwei y el cineasta Wim Wenders recibieron el premio «Nobel de las Artes»

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El galardón, que ofrece 110 mil dólares, se entrega desde 1989. En su 33° edición también incluye al pintor italiano Giulio Paolini, al pianista nacido en Polonia Krystian Zimerman y al estudio de arquitectura japonés SANAA.

El chino Weiwei est prohibido en su pas reside en Alemania y est acostumbrado a la controversia Foto Laura Cano
El chino Weiwei está prohibido en su país, reside en Alemania y está acostumbrado a la controversia / Foto: Laura Cano.

El artista disidente chino Ai Weiwei y el cineasta alemán Wim Wenders figuran entre los ganadores de la 33ª edición del Praemium Imperiale, considerado el «Nobel de las Artes» y otorgado desde 1989 a una propuesta de la familia imperial japonesa en memoria del príncipe Takamatsu (1905-1987).

El galardón está dotado con 110.000 dólares y los ganadores de este año también incluyen al pintor italiano Giulio Paolini, el pianista nacido en Polonia Krystian Zimerman y el estudio de arquitectura japonés SANAA, según anunciaron en Berlín.

Figura célebre

El artista y activista chino Ai Weiwei (Beijing, 1957) es una de las figuras más célebres e influyentes del arte contemporáneo. Prohibido en su país -donde su nombre es directamente impublicable- reside en Alemania y está acostumbrado a la controversia. Sus obras giran alrededor del mundo y han llegado a la Argentina: fue en 2017, cuando la Fundación Proa ubicada en el barrio de La Boca le dedicó la muestra antológica «Inoculación».

A principios de este año el sello Debate publicó en el país su libro de memorias «1000 años de alegrías y penas», donde el artista y activista chino rastrea los orígenes de su creatividad, sus ideas políticas y la historia de su país, así como sus años en Nueva York, la influencia de Andy Warhol y la amistad con el poeta y emblema de la Generación Beat, Allen Ginsberg.

Nuevo Cine Alemán

Por su parte, Wenders ha dirigido películas como «Paris, Texas», «Buena Vista Social Club» y «Las alas del deseo». Se dio a conocer internacionalmente en la década de 1970 como uno de los pioneros del Nuevo Cine Alemán y es uno de los representantes más importantes del cine contemporáneo.

La Japan Art Association reconoció no solo sus largometrajes y documentales, sino también sus exposiciones fotográficas, monografías, libros de cine y colecciones de ensayos: «Es un premio muy especial -aseguró el realizador a la agencia DPA-. De un país con el que estoy muy conectado», agregó en referencia a Japón.

Wenders uno de los pioneros del Nuevo Cine Alemn dirigi pelculas como Paris Texas y Las alas del deseo Foto AFP
Wenders, uno de los pioneros del Nuevo Cine Alemán, dirigió películas como «Paris, Texas» y «Las alas del deseo» /Foto: AFP.

El premio fue instituido en 1989 por la Asociación de Arte de Japón y se otorga en las categorías de pintura, escultura, arquitectura, música y teatro/cine. Cada ganador recibe 15 millones de yenes (casi 110.000 dólares). Desde su creación, han sido distinguidos 164 artistas, entre ellos nombres como el cineasta Jean-Luc Godard, fallecido el martes, el fotógrafo brasileño Sebastião Salgado y el director de teatro británico Peter Brook, así como la fotógrafa Cindy Sherman, la escultora Rebecca Horn, el arquitecto David Chipperfield y la actriz Catherine Deneuve.

Tradicionalmente, la ceremonia de premiación tiene lugar en octubre en Tokio, en presencia del príncipe Hitachi, tío del emperador Naruhito.

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